LE TOUR DE L’IVOIRE
À l’abri
des chênes couverts de vermine
Des
chênes couverts de la vermine des morts
Ombre
violette séparant la déchéance des horizons
Depuis la
naissance de l’homme
À l’abri
des arbres on ne rend pas la justice
Car la
justice est une orfraie
Qui vagit
la nuit pour endormir les chambres pleines d’amour
Les
chambres mortelles aux enfants nouveau-nés
Déguisée
elle tend une main insalubre
Aux
pauvres qui désespèrent de la noirceur des murs
Les
gardes-chiourme rugissent de joie en suçant des menottes
Plus
glacées qu’un clocher d’église
La foule
se rue il le faut déjà prévoir vers les bals dits populaires
La
justice la justice
Elle
finira bien par s’étrangler en toussant
Chat
perdu derrière un trottoir gluant
Fenêtre
lamentable ne s’ouvrant que pour s’éteindre
Les
lueurs qui se frôlent le long des corps imprévoyants
Demandent
le chemin en pleurant le long des réverbères
Pendant
que les agents deviennent chauves
Que les
vitraux des chapelles s’anéantissent
Sous la pression des mains moites des femmes qui ne
furent jamais vierges
Et qui pour tout boulevard ne fut qu’une passion
Demander
le chemin on ne répondra pas
Épaules
exilées dans les nuits sans fin
Mines
d’ombres étranglées
Des astres jaillissent par étincelles des vagues
lointaines
Il pleut à perdre haleine
Un épervier bondit danseur désorienté
L’espace se meut avec souplesse au-dessus des forêts
métalliques
D’où s’envolent des corbeaux musiciens aux froides
destinées
Par-delà
la palpitation rapide des landes
Clouées
au sol par les menhirs
Épouvantails de nuages ébauchés ou mourants
Par-delà
les virginités dépolies des déserts où s’endort le soleil
L’ennui de ce jour s’est assis
Couvert
de secondes comme un prêtre de poux
La
carcasse de ces monstres s’est effondrée
De sa
poussière s’échappent des oiseaux blancs et dorés
Joie des
plumes rapidité des ailes
Traîne de
joyaux évadés des yeux des amoureuses
Flemmes
exaltées nuques transparentes
Seins de
douceur torses d’étoiles
Vigilants
gardiens de l’aube caressante
L’aube
cristalline l’aube perpétuelle
Panthère
au poil bleu
L’amour
naît des rencontres une pieuvre mange
Une
chouette parfumée abrite de son aile
Les
fantômes ironiques et les amis du crime
Les
pentes noircies du devoir s’émiettent au tremblement de la fatigue
Encore
une fois le crépuscule s’est dispersé dans la nuit
Après
avoir écrit sur les murs : DÉFENSE DE NE PAS RÊVER
La Révolution surréaliste, octobre
1927
LA JUGARRETA DEL MARFIL
Al amparo de los robles cubiertos de
parásitos
De los robles cubiertos de los parásitos de
los muertos
Sombra violeta que separa el deterioro de los
horizontes
Desde el nacimiento del hombre
Al amparo de los árboles no se imparte
justicia
Porque la justicia es un quebrantahuesos
Que lloriquea por la noche para adormecer las
habitaciones llenas de amor
Las habitaciones mortales de los niños recién
nacidos
Disfrazada tiende una mano insalubre
A los pobres que se desesperan ante la
oscuridad de las paredes
Los carceleros rugen de alegría mientras
chupan las esposas
Más heladas que el campanario de una iglesia
La multitud se abalanza hay que preverlo ya
hacia los bailes llamados populares
La justicia la justicia
Acabará estrangulándose al toser
Gato perdido tras una acera pegajosa
Ventana lamentable que sólo se abre para
apagarse
Los resplandores que se rozan a lo largo de
los cuerpos imprevisores
Preguntan por el camino llorando junto a las
farolas
Mientras los agentes se quedan calvos
Y los vitrales de las capillas se destrozan
Bajo la presión de las manos húmedas de las
mujeres que nunca fueron vírgenes
Y para las cuales por cualquier bulevar hubo
pasión
Preguntar por el camino no se responderá
Hombros exiliados en las noches sin fin
Rostros de sombras estranguladas
Los uardi brotan en destellos de las olas
lejanas
Llueve hasta quedarse sin aliento
Un halcón se lanza bailarín desorientado
El espacio se mueve con flexibilidad sobre
los uardia metálicos
De donde alzan el vuelo cuervos músicos de fríos
destinos
Más allá de la rápida palpitación de los
páramos
Clavados al suelo por los menhires
Espantapájaros de uar esbozados o moribundos
Más allá de las virginidades sin brillo de
los desiertos donde se adormece el sol
El aburrimiento de este día se ha sentado
Cubierto de segundos como un sacerdote de
piojos
El esqueleto de esos uardians se ha
derrumbado
De su polvo se escapan pájaros blancos y
dorados
Alegría de las plumas rapidez de las alas
Estela de joyas fugadas de los ojos de las
enamoradas
Perezas exaltadas nuchas transparentes
Senos de dulzura torsos de estrellas
Vigilantes uardians del alba cariñosa
El alba cristalina el alba perpetua
Pantera de pelaje azul
El amor nace de los encuentros un pulpo come
Un búho perfumado da cobijo bajo su ala
A los fantasmas irónicos y a los amigos del
crimen
Las laderas ennegrecidas del deber se
desmoronan ante el temblor del cansancio
Una vez más el crepúsculo se ha dispersado en
la noche
Tras haber escrito en las paredes: PROHIBIDO
NO SOÑAR
Traducción,
para Literatura & Traducciones, de Miguel Ángel Frontán


