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jueves, 27 de noviembre de 2025

Friedrich Hölderlin: Quirón

 

CHIRON

                Wo bist du, Nachdenkliches! das immer muß

    Zur Seite gehn, zu Zeiten, wo bist du, Licht?

        Wohl ist das Herz wach, doch mir zürnt, mich

            Hemmt die erstaunende Nacht nun immer.

 

Sonst nämlich folgt' ich Kräutern des Walds und lauscht'

    Ein weiches Wild am Hügel; und nie umsonst.

        Nie täuschten, auch nicht einmal deine

            Vögel; denn allzubereit fast kamst du,

 

So Füllen oder Garten dir labend ward,

    Ratschlagend, Herzens wegen; wo bist du, Licht?

        Das Herz ist wieder wach, doch herzlos

            Zieht die gewaltige Nacht mich immer.

 

Ich wars wohl. Und von Krokus und Thymian

    Und Korn gab mir die Erde den ersten Strauß.

        Und bei der Sterne Kühle lernt' ich,

            Aber das Nennbare nur. Und bei mir

 

Das wilde Feld entzaubernd, das traurge, zog

    Der Halbgott, Zeus Knecht, ein, der gerade Mann;

        Nun sitz ich still allein, von einer

            Stunde zur anderen, und Gestalten

 

Aus frischer Erd und Wolken der Liebe schafft,

    Weil Gift ist zwischen uns, mein Gedanke nun;

        Und ferne lausch ich hin, ob nicht ein

            Freundlicher Retter vielleicht mir komme.

 

Dann hör ich oft den Wagen des Donners

    Am Mittag, wenn er naht, der bekannteste,

        Wenn ihm das Haus bebt und der Boden

            Reiniget sich, und die Qual Echo wird.

 

Den Retter hör ich dann in der Nacht, ich hör

    Ihn tötend, den Befreier, und drunten voll

        Von üppgem Kraut, als in Gesichten,

            Schau ich die Erd, ein gewaltig Feuer;

 

Die Tage aber wechseln, wenn einer dann

    Zusiehet denen, lieblich und bös, ein Schmerz,

        Wenn einer zweigestalt ist, und es

            Kennet kein einziger nicht das Beste;

 

Das aber ist der Stachel des Gottes; nie

    Kann einer lieben göttliches Unrecht sonst.

        Einheimisch aber ist der Gott dann

            Angesichts da, und die Erd ist anders.

 

Tag! Tag! Nun wieder atmet ihr recht; nun trinkt,

    Ihr meiner Bäche Weiden! ein Augenlicht,

        Und rechte Stapfen gehn, und als ein

            Herrscher, mit Sporen, und bei dir selber

 

Örtlich, Irrstern des Tages, erscheinest du,

    Du auch, o Erde, friedliche Wieg, und du,

        Haus meiner Väter, die unstädtisch

            Sind, in den Wolken des Wilds, gegangen.

 

Nimm nun ein Roß, und harnische dich und nimm

    Den leichten Speer, o Knabe! Die Wahrsagung

        Zerreißt nicht, und umsonst nicht wartet,

            Bis sie erscheinet, Herakles Rückkehr.

FRIEDRICH HÖLDERLIN

1801

QUIRÓN

 

¿Dónde estás, oh pensativa? Tú que siempre tienes

que apartarte a un lado, cuando llega la hora, ¿dónde estás, oh luz?

Bien está despierto el corazón, pero la noche

me exalta y me sorprende siempre.

En otro tiempo iba a por hierbas al bosque y escuchaba

las tiernas fieras sobre las colinas, nunca en vano.

Nunca engañado, ni una vez, por tus pájaros,

pues siempre aparecías, dispuesta a cualquier cosa,

gozando con los potros y jardines,

dando siempre consejo al corazón. ¿Dónde estás, oh luz?

Está despierto de nuevo el corazón, pero insensible

me arrastra siempre la noche poderosa.

Sí, era yo mismo. Y del tomillo, del azafrán,

de las espigas, me daba la tierra los primeros ramos.

Junto al frescor de las estrellas aprendía,

pero sólo lo que puede nombrarse. Y a mi lado

deshaciendo el hechizo de los campos salvajes y sombríos,

descendió el semidiós, siervo de Zeus, hombre recto;

y ahora estoy sentado, solo y en silencio, hora tras hora, y las formas

de la tierra fresca y las nubes amorosas es mi pensamiento

quien las crea, porque hay entre nosotros un veneno.

Y escucho los sonidos que llegan de lo lejos

por si alguien amistosamente viene a rescatarme.

Y oigo a menudo el carro del dios de las tormentas,

que al mediodía se acerca. Le reconocen todos

cuando tiembla la casa, se purifica

el suelo, y la tortura se convierte en eco.

Luego en la noche oigo al salvador, le oigo

traer la muerte, a él que libera. Y abajo, rebosante

de yerbas opulentas, como en una visión,

miro la Tierra, un fuego poderoso.

Pero cambian los días, y si alguien los contempla,

benignos unos y nefastos otros, siente dolor

cuando unos y otros se entremezclan, y nadie

puede reconocer en ellos lo mejor.

Pero ahí está el aguijón del dios. Sin él nadie

podría amar la injusticia divina.

Como en su casa está entonces el dios

frente a nosotros, y la Tierra es distinta.

¡Día, oh día! Ya respiráis de nuevo, ya bebéis,

oh sauces, en los arroyos míos. Hay luz en la mirada,

huellas que avanzan con firmeza, y al igual

que un monarca, calzadas las espuelas, en el lugar

que es tuyo, apareces, astro errante del día,

y tú, oh Tierra, cuna de paz,

tú, morada de mis padres, que se fueron

lejos de las ciudades, sobre nubes como fieras salvajes.

Monta ahora un corcel, ciñe el arnés

y toma la leve lanza, oh joven. La profecía

no será desgarrada, ni vana la espera

a que aparezca el retorno de Heracles.

Traducción de Antonio Pau




miércoles, 1 de octubre de 2025

Novalis y Eustaquio Barjau Riu: Himnos a la noche 1

HIMNOS A LA NOCHE

1

 

¿Qué ser vivo, dotado de sentidos, no ama,

por encima de todas las maravillas del espacio que lo envuelve,

a la que todo lo alegra, la Luz

—con sus colores, sus rayos y sus ondas; su dulce omnipresencia—,

cuando ella es el alba que despunta?

Como el más profundo aliento de la vida

la respira el mundo gigantesco de los astros,

que flotan, en danza sin reposo, por sus mares azules,

la respira la piedra, centelleante y en eterno reposo,

la respira la planta, meditativa, sorbiendo la vida de la Tierra,

y el salvaje y ardiente animal multiforme,

pero, más que todos ellos, la respira el egregio Extranjero,

de ojos pensativos y andar flotante,

de labios dulcemente cerrados y llenos de música.

Lo mismo que un rey de la Naturaleza terrestre,

la Luz concita todas las fuerzas a cambios innúmeros,

ata y desata vínculos sin fin, envuelve todo ser de la Tierra con su imagen celeste.

Su sola presencia abre la maravilla de los imperios del mundo.

 

Pero me vuelvo hacia el valle,

a la sacra, indecible, misteriosa Noche.

Lejos yace el mundo —sumido en una profunda gruta—

desierta y solitaria es su estancia.

Por las cuerdas del pecho sopla profunda tristeza.

En gotas de rocío quiero hundirme y mezclarme con la ceniza.

—Lejanías del recuerdo, deseos de la juventud, sueños de la niñez,

breves alegrías de una larga vida,

vanas esperanzas se acercan en grises ropajes,

como niebla del atardecer tras la puesta del Sol—.

En otros espacios abrió la Luz sus bulliciosas tiendas.

¿No tenía que volver con sus hijos,

con los que esperaban su retorno con la fe de la inocencia?

 

¿Qué es lo que, de repente, tan lleno de presagios, brota en el fondo del corazón y sorbe la brisa suave de la melancolía?

¿Te complaces también en nosotros, Noche obscura?

¿Qué es lo que ocultas bajo tu manto, que, con fuerza invisible, toca mi alma?

Un bálsamo precioso destila de tu mano,

como de un haz de adormideras.

Por ti levantan el vuelo las pesadas alas del espíritu.

Obscuramente, inefablemente nos sentimos movidos

—alegre y asustado, veo ante mí un rostro grave,

un rostro que dulce y piadoso se inclina hacia mí,

y, entre la infinita maraña de sus rizos,

reconozco la dulce juventud de la Madre—.

¡Qué pobre y pequeña me parece ahora la Luz!

¡Qué alegre y bendita la despedida del día!

Así, sólo porque la Noche aleja de ti a tus servidores,

por esto sólo sembraste en las inmensidades del espacio las esferas luminosas,

para que pregonaran tu omnipotencia —tu regreso— durante el tiempo de tu ausencia.

Más celestes que aquellas centelleantes estrellas

nos parecen los ojos infinitos que abrió la Noche en nosotros.

Más lejos ven ellos que los ojos blancos y pálidos de aquellos incontables ejércitos

—sin necesitar la Luz,

ellos penetran las honduras de un espíritu que ama—

y esto llena de indecible delicia un espacio más alto.

Gloria a la Reina del mundo,

a la gran anunciadora de Universos sagrados,

a la tuteladora del Amor dichoso

—ella te envía hacia mí, tierna amada, dulce y amable Sol de la Noche—

ahora permanezco despierto

—porque soy Tuyo y soy Mío

tú me has anunciado la Noche: ella es ahora mi vida

—tú me has hecho hombre—

que el ardor del espíritu devore mi cuerpo,

que, convertido en aire, me una y me disuelva contigo íntimamente

y así va a ser eterna nuestra Noche de bodas.

NOVALIS

Traducción de Eustaquio Barjau Riu

[Versión definitiva en prosa rítmica]


Welcher Lebendige, Sinnbegabte, liebt nicht vor allen Wundererscheinungen des verbreiteten Raums um ihn, das allerfreuliche Licht – mit seinen Farben, seinen Stralen und Wogen; seiner milden Allgegenwart, als weckender Tag. Wie des Lebens innerste Seele athmet es der rastlosen Gestirne Riesenwelt, und schwimmt tanzend in seiner blauen Flut – athmet es der funkelnde, ewigruhende Stein, die sinnige, saugende Pflanze, und das wilde, brennende, vielgestaltete Thier – vor allen aber der herrliche Fremdling mit den sinnvollen Augen, dem schwebenden Gange, und den zartgeschlossenen, tonreichen Lippen. Wie ein König der irdischen Natur ruft es jede Kraft zu zahllosen Verwandlungen, knüpft und löst unendliche Bündnisse, hängt sein himmlisches Bild jedem irdischen Wesen um. – Seine Gegenwart allein offenbart die Wunderherrlichkeit der Reiche der Welt.

Abwärts wend ich mich zu der heiligen, unaussprechlichen, geheimnißvollen Nacht. Fernab liegt die Welt – in eine tiefe Gruft versenkt – wüst und einsam ist ihre Stelle. In den Sayten der Brust weht tiefe Wehmuth. In Thautropfen will ich hinuntersinken und mit der Asche mich vermischen. – Fernen der Erinnerung, Wünsche der Jugend, der Kindheit Träume, des ganzen langen Lebens kurze Freuden und vergebliche Hoffnungen kommen in grauen Kleidern, wie Abendnebel nach der Sonne Untergang. In andern Räumen schlug die lustigen Gezelte das Licht auf. Sollte es nie zu seinen Kindern wiederkommen, die mit der Unschuld Glauben seiner harren?

Was quillt auf einmal so ahndungsvoll unterm Herzen, und verschluckt der Wehmuth weiche Luft? Hast auch du ein Gefallen an uns, dunkle Nacht? Was hältst du unter deinem Mantel, das mir unsichtbar kräftig an die Seele geht? Köstlicher Balsam träuft aus deiner Hand, aus dem Bündel Mohn. Die schweren Flügel des Gemüths hebst du empor.[131] Dunkel und unaussprechlich fühlen wir uns bewegt – ein ernstes Antlitz seh ich froh erschrocken, das sanft und andachtsvoll sich zu mir neigt, und unter unendlich verschlungenen Locken der Mutter liebe Jugend zeigt. Wie arm und kindisch dünkt mir das Licht nun – wie erfreulich und gesegnet des Tages Abschied – Also nur darum, weil die Nacht dir abwendig macht die Dienenden, säetest du in des Raumes Weiten die leuchtenden Kugeln, zu verkünden deine Allmacht – deine Wiederkehr – in den Zeiten deiner Entfernung. Himmlischer, als jene blitzenden Sterne, dünken uns die unendlichen Augen, die die Nacht in uns geöffnet. Weiter sehn sie, als die blässesten jener zahllosen Heere – unbedürftig des Lichts durchschaun sie die Tiefen eines liebenden Gemüths – was einen höhern Raum mit unsäglicher Wollust füllt. Preis der Weltköniginn, der hohen Verkündigerinn heiliger Welten, der Pflegerinn seliger Liebe – sie sendet mir dich – zarte Geliebte – liebliche Sonne der Nacht, – nun wach ich – denn ich bin Dein und Mein – du hast die Nacht mir zum Leben verkündet – mich zum Menschen gemacht – zehre mit Geisterglut meinen Leib, daß ich luftig mit dir inniger mich mische und dann ewig die Brautnacht währt.

[Primera versión en verso]


Welcher Lebendige,

Sinnbegabte,

Liebt nicht vor allen

Wundererscheinungen

Des verbreiteten Raums um ihn

Das allerfreuliche Licht –

Mit seinen Stralen und Wogen

Seinen Farben,

Seiner milden Allgegenwart

Im Tage.

Wie des Lebens

Innerste Seele

Athmet es die Riesenwelt

Der rastlosen Gestirne

Die in seinem blauen Meere schwimmen,

Athmet es der funkelnde Stein,

Die ruhige Pflanze

Und der Thiere

Vielgestaltete,

Immerbewegte Kraft –

Athmen es vielfarbige

Wolken u[nd] Lüfte

Und vor allen

Die herrlichen Fremdlinge

Mit den sinnvollen Augen

Dem schwebenden Gange

Und dem tönenden Munde.

Wie ein König

Der irrdischen Natur

Ruft es jede Kraft

Zu zahllosen Verwandlungen

Und seine Gegenwart allein

Offenbart die Wunderherrlichkeit

Des irrdischen Reichs.

Abwärts wend ich mich

Zu der heiligen, unaussprechlichen

Geheimnißvollen Nacht –

Fernab liegt die Welt,

Wie versenkt in eine tiefe Gruft

Wie wüst und einsam

Ihre Stelle!

Tiefe Wehmuth

Weht in den Sayten der Brust

Fernen der Errinnerung

Wünsche der Jugend

Der Kindheit Träume

Des ganzen, langen Lebens

Kurze Freuden

Und vergebliche Hoffnungen

Kommen in grauen Kleidern

Wie Abendnebel

Nach der Sonne,

Untergang.

Fernab liegt die Welt

Mit ihren bunten Genüssen.

In andern Räumen

Schlug das Licht auf

Die lustigen Gezelte.

Sollt es nie wiederkommen

Zu seinen treuen Kindern,

Seinen Gärten

In sein herrliches Haus?

Doch was quillt

So kühl u[nd] erquicklich

So ahndungsvoll

Unterm Herzen

Und verschluckt

Der Wehmuth weiche Luft,

Hast auch du

Ein menschliches Herz

Dunkle Macht?

Was hältst du

Unter deinem Mantel

Das mir unsichtbar kräftig

An die Seele geht?

Du scheinst nur furchtbar –

Köstlicher Balsam

Träuft aus deiner Hand

Aus dem Bündel Mohn

In süßer Trunkenheit

Entfaltest du die schweren Flügel

des Gemüths.

Und schenkst uns Freuden

Dunkel und unaussprechlich

Heimlich, wie du selbst, bist

Freuden, die uns

Einen Himmel ahnden lassen.

Wie arm und kindisch

Dünkt mir das Licht,

Mit seinen bunten Dingen

Wie erfreulich und gesegnet

Des Tages Abschied.

Also nur darum

Weil die Nacht dir

Abwendig macht die Dienenden

Säetest du

In des Raums Weiten

Die leuchtenden Kugeln

Zu verkünden deine Allmacht

Deine Widerkehr

In den Zeiten deiner Entfernung.

Himmlischer als jene blitzenden Sterne

In jenen Weiten

Dünken uns die unendlichen Augen

Die die Nacht

In uns geöffnet.

Weiter sehn sie

Als die blässesten

Jener zahllosen Heere

Unbedürftig des Lichts

Durchschaun sie die Tiefen

Eines liebenden Gemüths,

Was einen höhern Raum

Mit unsäglicher Wollust füllt.

Preis der Weltköniginn,

Der hohen Verkündigerinn

Heiliger Welt,

Der Pflegerinn

Seliger Liebe

Du kommst, Geliebte –

Die Nacht, ist da –

Entzückt ist meine Seele –

Vorüber ist der irrdische Tag

Und du bist wieder Mein.

Ich schaue dir ins tiefe dunkle Auge,

Sehe nichts als Lieb u[nd] Seligkeit.

Wir sinken auf der Nacht Altar

Aufs weiche Lager –

Die Hülle fällt

Und angezündet von dem warmen Druck

Entglüht des süßen Opfers

Reine Glut.



lunes, 11 de marzo de 2024

Ingeborg Bachmann: Amor Continente oscuro

LIEBE: DUNKLER ERDTEIL

 

       Der schwarze König zeigt die Raubtiernägel,

       zehn blasse Monde jagt er in die Bahn,

       und er befiehlt den großen Tropenregen.

       Die Welt sieht dich vom andren Ende an!

       

       Es zieht dich übers Meer an jene Küsten

       aus Gold und Elfenbein, an seinen Mund.

       Dort aber liegst du immer auf den Knien,

       und er verwirft und wählt dich ohne Grund.

       

       Und er befiehlt die große Mittagswende.

       Die Luft zerbricht, das grün und blaue Glas,

       die Sonne kocht den Fisch im seichten Wasser,

       und um die Büffelherde brennt das Gras.

       

       Ins Jenseits ziehn geblendet Karawanen,

       und er peitscht Dünen durch das Wüstenland,

       er will dich sehn mit Feuer an den Füßen.

       Aus deinen Striemen fließt der rote Sand.

       

       Er, fellig, farbig, ist an deiner Seite,

       er greift dich auf, wirft über dich sein Garn.

       Um deine Hüften knüpfen sich Lianen,

       um deinen Hals kraust sich der fette Farn.


       Aus allen Dschungelnischen: Seufzer, Schreie.

       Er hebt den Fetisch. Dir entfällt das Wort.

       Die süßen Hölzer rühren dunkle Trommeln.

       Du blickst gebannt auf deinen Todesort.

       

       Sieh, die Gazellen schweben in den Lüften,

       auf halbem Wege hält der Dattelschwarm!

       Tabu ist alles: Erden, Früchte, Ströme …

       Die Schlange hängt verchromt an deinem Arm.

       

       Er gibt Insignien aus seinen Händen.

       Trag die Korallen, geh im hellen Wahn!

       Du kannst das Reich um seinen König bringen,

       du, selbst geheim, blick sein Geheimnis an.

       

       Um den Äquator sinken alle Schranken.

       Der Panther steht allein im Liebesraum.

       Er setzt herüber aus dem Tal des Todes,

       und seine Pranke schleift den Himmelssaum.

 

INGEBORG BACHMANN

AMOR: CONTINENTE OSCURO

 

El rey negro enseña las garras de fiera,

diez lunas pálidas a su órbita despide,

y ordena a las grandes lluvias tropicales.

¡El mundo desde el otro extremo te mira!

 

El mar quieres cruzar hacia aquellas costas

de oro y marfil, sólo atraído por su boca.

Sin embargo allí siempre estás de rodillas,

y él te rechaza y te escoge sin razón.

 

Y él ordena el gran cambio de mediodía.

El aire se resquebraja, el cristal azul y verde,

el sol cuece al pez en aguas no profundas,

en torno a los búfalos la hierba arde.

 

Cegadas van al más allá las caravanas,

las dunas azota por un desértico país,

él quiere verte con vivo fuego en los pies.

De tus estriadas llagas emana arena roja.

 

Peludo, colorido, está a tu lado,

te coge con su garra, sus redes te echa encima.

En tus caderas se enroscan las lianas,

y por tu cuello trepa el carnoso helecho.

 

De toda la jungla: suspiros, gritos.

El alza el fetiche. La palabra se te olvida.

Maderas dulces tocan un tambor oscuro.

Contemplas fascinado el lugar de tu muerte.

 

Mira, ¡las gacelas flotan por los aires,

dátiles en enjambre paran a medio camino!

Tabú es todo: tierras, frutas y torrentes…

Cuelga de tu brazo la serpiente cromada.

 

Él ofrece las insignias de sus manos.

¡Tú lleva los corales, anda en pleno delirio!

Puedes arrebatar al reino su regente,

tú, tan misteriosa, contempla su misterio.

 

Por el ecuador bajan todas las barreras.

La pantera está sola en el espacio del amor.

Salta hacia aquí desde el valle de la muerte,

y con su garra asola el extremo del cielo.

 

Traducción de Cecilia Dreymüller y Concha García








jueves, 15 de diciembre de 2022

Rainer Maria Rilke y José María Valverde: El ángel

 

DER ENGEL


Mit einem Neigen seiner Stirne weist 

er weit von sich was einschränkt und verpflichtet; 

denn durch sein Herz geht riesig aufgerichtet 

das ewig Kommende das kreist. 


Die tiefen Himmel stehn ihm voll Gestalten, 

und jede kann ihm rufen: komm, erkenn -. 

Gieb seinen leichten Händen nichts zu halten 

aus deinem Lastenden. Sie kämen denn 


bei Nacht zu dir, dich ringender zu prüfen, 

und gingen wie Erzürnte durch das Haus 

und griffen dich als ob sie dich erschüfen 

und brächen dich aus deiner Form heraus.

RAINER MARIA RILKE


El ÁNGEL


Con sólo un gesto de su frente aleja

de sí lo que limita y lo que obliga,

pues por su corazón pasa, gigante,

girando, lo que viene eternamente.


El cielo está para él lleno de formas

que le pueden llamar: ven, reconóceme.

Nada des de tus cargas a aliviar

a sus manos ligeras. Pues vendrían


de noche a ti, a probarte en el combate,

e irían por la casa como furias,

cogiéndote como si te crearan,

arrancándote fuera de tu forma.

Versión de JOSÉ MARÍA VALVERDE


 

miércoles, 3 de agosto de 2022

Rainer Maria Rilke y José María Valverde: El prisionero

 

DER GEFANGENE


Denk dir, das was jetzt Himmel ist und Wind,
Luft deinem Mund und deinem Auge Helle,
das würde Stein bis um die kleine Stelle
an der dein Herz und deine Hände sind.

Und was jetzt in dir morgen heißt und dann
und: späterhin und nächstes Jahr und weiter -
das würde wund in dir und voller Eiter
und schwäre nur und bräche nicht mehr an. 

Und das was war, das wäre irre und
raste in dir herum, den lieben Mund
der niemals lachte, schäumend von Gelächter. 

Und das was Gott war, wäre nur dein Wächter
und stopfte boshaft in das letzte Loch
ein schmutziges Auge. Und du lebtest doch.

RAINER MARIA RILKE

EL PRISIONERO


Supón que lo que ahora es cielo y viento,
Aire en tu boca y luz para tus ojos,
Se hiciera piedra, hasta el pequeño sitio
Donde tú tienes tus manos y tu pecho.

Y lo que llamas tú « mañana », « luego »,
« Después », « año que viene » y « porvenir »,
Se hiciera herida en ti, llena de pus,
Y supurara sin romperse nunca.

Que lo que fue, fuera locura y rabia
En ti. Y la boca amada que jamás
Reía, espumease en carcajadas.

Y lo que era Dios, fuera el vigilante
Que, maligno, en el último agujero
Metiera un ojo sucio. Y aún vivieras.
 

 Versión de JOSÉ MARÍA VALVERDE