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domingo, 10 de noviembre de 2019

Casiodoro de Reina: Biblia del Oso, Eclesiastés VII y VIII


La Biblia del Oso de Casiodoro de Reina publicada en Basilea en 1569, es, muy probablemente, uno de los monumentos más desconocidos de la literatura española del Siglo de Oro. Ampliamente corregida por Cipriano de Valera en 1602 (con criterio más teológico y pastoral que literario), es esta última versión (Reina-Valera) la que pasó a la posteridad, como la Biblia protestante por antonomasia de la lengua española. Para estas entradas, recuperamos el texto del ejemplar facsimilar  de la edición original que posee la Biblioteca de Princeton, disponible en el imprescindible Internet Archive.

ECLESIASTÉS
VII

Doctrinas de verdadera sabiduría, que a la razón humana parecerán locura. El pago que el mundo a sus medicinadores y los límites de modestia que ellos guardarán en medicinarlo, para evitar el peligro en cuanto la fidelidad de la vocación lo permitiere. Resolución de lo disputado. El hombre no puede ser sabio sino por temor de Dios.

Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y el día de la muerte que el día del nacer mismo.

Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del convite; porque es el fin de todos los hombres, y el que vive no advertirá.

Mejor es el enojo que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.

El corazón de los sabios, en la casa del luto; mas el corazón de los locos, en la casa del placer.

Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los locos.

Porque la risa del loco es como el estrépito de las espinas debajo de la olla. Y también esto, la risa o la prosperidad de los locos es vanidad.

Ciertamente el agravio hace enloquecer al sabio; y el presente corrompe el corazón.

Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.

No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque la ira en el seno de los locos reposa.

Nunca digas: ¿Qué es la causa de que los tiempos pasados fueran mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.

Buena es la ciencia con herencia; y es la excelencia de los que ven el sol.

Porque en la sombra de la ciencia, y en la sombra del dinero reposa el hombre; mas la sabiduría excede en que da vida a sus poseedores.

Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

En el día del bien goza del bien; y en el día del mal abre los ojos y toma enseñamiento. Dios también hizo esto, el mal delante del bien, delante de lo otro, para que el hombre no halle nada tras de él.

Todo lo vide en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y impío hay que por su maldad alarga sus días.

No seas justo mucho ni seas demasiadamente sabio, ¿por qué te destruirás?

No hagas mal mucho, ni seas loco; ¿por qué morirás, en medio del hilo de tus empresas, antes de tu tiempo?

Bueno es que tomes esto, y también de estotro no apartes tu mano; porque el que a Dios teme, saldrá con todo.

La sabiduría esfuerza al sabio más que diez poderosos príncipes que sean en la ciudad.

Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque.

Tampoco apliques tu corazón a todas las palabras que se hablaren, porque alguna vez no oigas a tu siervo que dice mal de ti.

Porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces.

Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Hacerme he sabio; mas ella se alejó de mí.

Lejos está lo que fue; y lo profundo profundo ¿quién lo hallará?

Yo he rodeado, y mi corazón por saber y examinar, e inquirir la sabiduría, y la razón; y por saber la maldad de la locura, y el desvarío del error.

Y yo he hallado más amarga que la muerte la mujer, la cual es redes y lazos su corazón; sus manos ligaduras. El bueno delante de Dios escapará de ella; mas el pecador será preso en ella.

Mira, esto he hallado, dice el Predicador, mirando las cosas una a una para hallar la razón;

Lo cual más allende mucho buscó mi ánima, y no lo hallé: un hombre entre mil, un sabio virtuoso, he hallado; mas mujer de todas éstas nunca hallé.

Solamente, he aquí, esto hallé: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron muchas cuentas.


VIII

Alabanzas de la sabiduría y sus efectos. Persuade a la obediencia de los magistrados como un antídoto de lo que ha mostrado arriba de su corrupción, locura, tiranía y perversión del derecho. Persuade a la obediencia de la ley de Dios, y al conocimiento de su Providencia contra el epicureísmo. Vuelve a la tiranía y perversos juicios de los hombres y describe el abuso que tienen de la tolerancia de Dios con que los espera. Concluyendo de todo la verdadera felicidad en este mundo por la que ha dicho, y no otra.

¿Quién como el sabio? ¿Y quién como el que sabe la declaración de la palabra? La sabiduría del hombre hará ilustre su rostro, y la fuerza de su cara se mudará.

Yo te aviso que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento, del pacto que heciste con Dios.

No apresures a irte de delante de él, ni estés en cosa mala; porque él hará todo lo que quisiere.

Porque la palabra del rey es su potestad, ¿y quién le dirá, qué haces?

El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el tiempo y el juicio conoce el corazón del sabio.

Porque para toda voluntad que quisierdes hay tiempo y juicio; porque el mal del trabajo hombre es grande sobre él.

Porque no sabe lo que ha de ser; y cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?

No hay hombre que tenga potestad sobre el viento, para detener el viento, ni hay potestad sobre el día de la muerte; ni hay armas en tal guerra; ni la impiedad escapará al que la posee.

Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo que se hace debajo del sol; el tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo.

Entonces vi también que los impíos que después de sepultados volvieron y vinieron; y los que de lugar santo caminaron fueron puestos en olvido en la ciudad donde obraron verdad. Esto también vanidad es.

Porque luego no se ejecuta sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está lleno en ellos para hacer mal.

Porque el que peca haga mal cien veces, y sea esperado de Dios, aun yo también sé que los que a Dios temen habrán bien, los que temieren delante de su presencia;

Y que al impío nunca habrá bien, ni le serán prolongados los días, mas serán sus días como sombra; porque no temió delante de la presencia de Dios.

Hay otra vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos los cuales son pagados como si hicieran obras de impíos; y hay impíos, que son pagados como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.

Por tanto yo alabé el alegría que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba, y se alegre; y que esto le pegue de su trabajo los días de su vida que Dios le dio debajo del sol.

Por lo cual yo di mi corazón a conocer sabiduría, y a ver la ocupación que se hace sobre la tierra, que ni de noche ni de día ve el hombre sueño en sus ojos.

Y vide acerca de todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar obra que se haga debajo del sol; por la cual trabaja el hombre buscándola, y no la hallará; aunque diga el sabio que sabe, no la podrá alcanzar. 

Biblia del oso. Basilea, 1569.

viernes, 22 de marzo de 2019

Casiodoro de Reina: Biblia del Oso, Cantar de los Cantares


La Biblia del Oso de Casiodoro de Reina publicada en Basilea en 1569, es, muy probablemente, uno de los monumentos más desconocidos de la literatura española del Siglo de Oro. Ampliamente corregida por Cipriano de Valera en 1602 (con criterio más teológico y pastoral que literario), es esta última versión (Reina-Valera) la que pasó a la posteridad, como la Biblia protestante por antonomasia de la lengua española. Para estas entradas, recuperamos el texto del ejemplar facsimilar  de la edición original que posee la Biblioteca de Princeton, disponible en el imprescindible Internet Archive.

EL LIBRO DE LOS CANTARES
DE SALOMÓN

Argumento sobre todo el libro.

Es un perpetuo diálogo entre la Iglesia Cristiana y su esposo Cristo, en que ella con palabras llenas de afectuosísimo amor declara la grandeza, dignidad y hermosura de su Esposo, y los bienes y riquezas de limpieza y enseñamiento divino que de él tiene, y él ansimismo con palabras no menos afectuosas canta el origen, gracias, partes y particularidades de su Esposa; lo uno y lo otro, por alegorías y semejanzas de cosas al primer parecer, unas absurdas, otras poco honestas, mas en la verdad tales y tan propias que el con espíritu de Dios entendiere sobre qué condición de la figura se asienta la semejanza de lo figurado, verá en ellas pintada al vivo toda la naturaleza, ingenio y suerte del reino de Cristo su Rey, con sus vivos colores, su origen, sus progresos, su hermosura, sus oficios, sus caídas, sus castigos, sus combates, sus aflicciones, sus victorias y sus triunfos. A lo cual, si el lector fuere atento, lo que a la primera vista le podría parecer absurdo o obsceno, lo hallara proprísimo, elegantísimo y, por otra parte, lleno de celestial enseñamiento y de singular edificación, mayormente si Dios le hiciere tan singular merced de darle vivo afecto con que sintiéndose acariciar él también de aquel ardiente y infinito amor del Esposo, sienta también despertar en sí aquellos deseos y sospiros tan sin fatiga de la Esposa; y aquel habilitarse a dejar su cama en mitad de la noche, y ensuciar sus pies, y dejar su ropa en manos de los ladrones nocturnos, que tienen nombres de guardas del mundo, y ser remesado y apaleado de ellos por buscar y al fin hallar al amado Amador que, cobrado, recompensa infinitamente todas estas pérdidas y deshonras, y consuela de consuelo eterno todos estos momentáneos dolores.
Cuanto a lo que la historia, o figura, toca, verisímil cosa es haber sido la ocasión de esta canción los amores y casamiento de Salomón con la hija del rey de Egipto (lo cual aun no cuadra mal con el desposorio de Cristo con su Iglesia), mas lo absurdo de las comparaciones al parecer, los sucesos de aflicción de la Esposa con otras muchas cosas que en el discurso del libro se pueden observar, muestran claro que otra cosa más alta y muy diferente es lo que aquí se pretende, y singularmente lo que se entremete de la Viña de Salomón ansí en el medio del libro, como al cabo, donde parece que en otra nueva alegoría, y muy usada en la Escritura en el mismo propósito, se suma a todo el intento.


CAPÍTULO I

1 Canción de canciones de Salomón.
2 ¡Oh, si me besase de besos de su boca; porque mejores son tus amores que el vino!
3 Por el olor de tus suaves ungüentos, ungüento derramado es tu nombre: por tanto las mozas te amaron.
4 Tírame en pos de ti, correremos. Metiome el rey en sus cámaras; gozarnos hemos y alegrarnos hemos en ti; acordarnos hemos de tus amores más que del vino. Los rectos te aman.
5 Morena soy, oh hijas de Jerusalén, mas de codiciar, como las cabañas de Cedar, como las tiendas de Salomón.
6 No miréis en que soy morena, porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mí, hiciéronme guarda de viñas, y mi viña, que era mía, no guardé.
7 Hazme saber, oh tú a quien mi alma ama, dónde repastas, dónde haces tener majada al mediodía; porque, ¿por qué seré como la que se aparta hacia los rebaños de tus compañeros?
8 Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, salte por los rastros del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.
9 A una de las yeguas de los carros de Faraón te he comparado, oh amiga mía.
10 Hermosas son tus mejillas entre los zarcillos, tu cuello entre los collares.
11 Zarcillos de oro te haremos, con clavos de plata.
12 Mientras que el rey estaba en su recostadero, mi espique dio su olor.
13 Mi amado es para mí un manojico de mirra, que reposará entre mis tetas.
14 Racimo de Cofer en las viñas de Engadi es para mí mi amado.
15 He aquí que tú eres hermosa, oh compañera mía; he aquí que eres hermosa; tus ojos de paloma.
16 He aquí que tú eres hermoso, oh Amado mío, también suave; también nuestro lecho florido.
17 Las vigas de nuestras casas son de cedro, las tablazones de hayas.


CAPÍTULO II

1 Yo soy el lirio del campo y la rosa de los valles.
2 Como el lirio entre las espinas, ansí es mi compañera entre las doncellas.
3 Como el manzano entre los árboles monteses, ansí es mi Amado entre los mancebos; debajo de su sombra deseé sentarme, y me asenté, y su fruto ha sido dulce a mi paladar.
4 Trújome a la cámara del vino, y su bandera de amor puso sobre mí.
5 Sustentadme con frascos de vino, esforzadme con manzanas; porque estoy enferma de amor.
6 Su izquierda esté debajo de mi cabeza, y su derecha me abrace.
7 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al Amor hasta que él quiera.
8 ¡La voz de mi Amado! He aquí que éste viene saltando sobre los montes, saltando sobre los collados.
9 Mi Amado es semejante al gamo, o al cabrito de los ciervos. Helo aquí, está detrás de nuestra pared, mirando por las ventanas, mostrándose por las rejas.
10 Mi Amado habló, y me dijo: Levántate, oh compañera mía, hermosa mía, y vente.
11 Porque he aquí ha pasado el invierno, la lluvia se ha mudado y se fue.
12 Las flores se han mostrado en la tierra, el tiempo de la canción es venido, y voz de tórtola se ha oído en nuestra región.
13 La higuera ha mecido sus higos, y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh compañera mía, hermosa mía, y vente.
14 Paloma mía, en los agujeros de la peña, en lo escondido de la escalera, muéstrame tu vista, hazme oír tu voz; porque tu voz es dulce, y tu vista hermosa.
15 Tomadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; mientras nuestras viñas están en cierne.
16 Mi Amado es mío, y yo suya; él apacienta entre lirios.
17 Hasta que apunte el día, y las sombras huyan, tórnate, oh amado mío; sé semejante al gamo, o al cabrito de los ciervos, sobre los montes de Bether.


CAPÍTULO III

1 Las noches busqué en mi cama al que ama mi alma; busquelo, y no lo hallé.
2 Ahora levantarme he, y rodearé por la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma. Busquelo, y no lo hallé.
3 Halláronme las guardas que rodean la ciudad: ¿Habéis visto al que ama mi alma?
4 Pasando de ellos un poco, hallé luego al que ama mi alma; trabé de él, y no lo dejé, hasta que lo metí en casa de mi madre, y a la cámara de la que me engendró.
5 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por las gamas o por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al Amor, hasta que él quiera.
6 ¿Quién es ésta que sube del desierto como varas de humo, sahumada de mirra y de incienso, y de todos polvos aromáticos?
7 He aquí que la cama de Salomón sesenta fuertes la cercan, de los fuertes de Israel.
8 Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; cada uno su cuchillo sobre su muslo por los temores de la noche.
9 El rey Salomón se hizo un tálamo de madera del Líbano.
10 Sus colunas hizo de plata, su solado de oro, su cielo de grana, lo de dentro solado de amor por las doncellas de Jerusalén.
11 Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre el día de su desposorio, y el día del gozo de su corazón.

miércoles, 30 de enero de 2019

Casiodoro de Reina: Biblia del Oso. Eclesiastés IV, V, VI



La Biblia del Oso de Casiodoro de Reina publicada en Basilea en 1569, es, muy probablemente, uno de los monumentos más desconocidos de la literatura española del Siglo de Oro. Ampliamente corregida por Cipriano de Valera en 1602 (con criterio más teológico y pastoral que literario), es esta última versión (Reina-Valera) la que pasó a la posteridad, como la Biblia protestante por antonomasia de la lengua española. Para estas entradas, recuperamos el texto del ejemplar facsimilar  de la edición original que posee la Biblioteca de Princeton, disponible en el imprescindible Internet Archive.

ECLESIASTÉS
IV


Prosiguiendo la prueba de su tema, todo es vanidad y describe la tiranía y opresión de los grandes sobre los pequeños. La envidia con que es recebida de los unos hermanos la obra útil y buena de los otros, y el remedio que es. No cesar por eso de la buena obra, ya que lo otro es irremediable. El ingenio del avaro y su remedio. El rey sin sabiduría indigno del reino. Reglas teológicas para contratar con Dios.

Y torneme yo y vide todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, y que no tienen quien los consuele; y que la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.

 Y alabé yo los muertos que ya murieron, más que los vivos que son vivos hasta ahora.

 Y tuve por mejor que ellos ambos al que aún no fue, porque no ha visto las malas obras que se hacen debajo del sol.

Vide también todo trabajo y toda rectitud de obras, que no es sino envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

El loco pliega sus manos y come su carne.

Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.

 Yo me torné otra vez, y vide otra vanidad debajo del sol.

 Es el hombre: solo, sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano, y nunca cesa de trabajar, ni aun sus ojos se hartan de sus riquezas, ni piensa: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad y ocupación mala.

Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.

También si dos durmieren, calentarse han; mas el solo ¿cómo se calentará?

Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; porque cordón de tres dobleces no presto se rompe.

Mejor es el mochacho pobre y sabio, que el rey viejo y loco, que no puede ser avisado.

Porque como de la cárcel salió a reinar: porque en su reino nació pobre.

Vide más: todos los vivientes debajo del sol caminando con el mochacho sucesor, que estará en su lugar.

No tiene fin todo el pueblo que fue antes de ellos; tampoco los que fueren después se alegrarán en él. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Cuando fueres a la Casa de Dios mira bien por tu pie; y acércate más para oír que para dar el sacrificio de los locos, porque no saben hacer lo que Dios quiere.


V

Desaconseja los votos temerarios, mostrando el peligro que hay en el votar, prosiguiendo el intento comenzado en la fin del capítulo precedente. Consuela al ánimo pío en las opresiones del mundo con la consideración de la Providencia de Dios en ellas. Los males del avaro. Repite la conclusión de la verdadera felicidad en el mundo.

No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure a pronunciar palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.

Porque como de la mucha ocupación viene el sueño, así la voz del loco de la multitud de las palabras.

Cuando a Dios prometieres promesa, no tardes de pagarla; porque no se agrada de los locos. Lo que prometieres, paga.

Mejor es que no prometas, que no que prometas y no pagues.

No sueltes tu boca para hacer pecar a tu carne; ni digas delante del ángel que fue ignorancia. Porque ¿harás tú que se aíre Dios a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

Porque los sueños son en multitud, y las vanidades y las palabras son muchas; mas teme a Dios.

Si violencias de pobres, y extorsión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de esta licencia; porque alto está mirando sobre alto, y más altos están sobre ellos.

Y mayor altura hay en todas las cosas de la tierra; mas el que sirve al campo es rey.

El que ama el dinero, no se hartará de dinero; y el que ama el mucho tener, no habrá fruto. También esto es vanidad.

Cuando los bienes se aumentan, también se aumentan sus comedores. ¿Qué bien, pues, habrá su dueño, sino verlos de sus ojos?

Dulce es el sueño del trabajador, que coma mucho, que poco; mas al rico la hartura no le deja dormir.

Hay otra trabajosa enfermedad que vide debajo del sol: las riquezas guardadas de sus dueños para su mal;

Las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron nada les quedó en la mano.

Como salió del vientre de su madre, desnudo, ansí se vuelve, tornando como vino; y nada hubo de su trabajo para llevar en su mano.

Este también es una mala enfermedad, que como vino, ansí se haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar al viento?

Demás de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, y mucho enojo y dolor y ira.

He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer y beber, y gozar del bien de todo su trabajo con que trabajo debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le dio; porque esta es su parte.

Y también que todo hombre a quien Dios dio riquezas y hacienda, también le dio facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo. Esto es don de Dios.

Porque no se acordará mucho de los días de su vida, porque Dios le responderá con alegría de su corazón. 

VI

El avaro más miserable que el abortino. Vuelve a impugnar el estudio de eternizarse los hombres por sus invenciones, y confirmar su ignorancia en el caso de la verdadera felicidad.

Hay otro mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres:

Hombre a quien Dios dio riquezas y hacienda y honra, y nada le falta de todo lo que su ánima desea; y Dios no le dio facultad de comer de ello, antes los extraños se lo comen. Esto vanidad es, y enfermedad trabajosa.

Si el hombre engendrare ciento, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren a faz; si su ánima no se hartó del bien, y también careció de sepultura, yo digo que el abortivo es mejor que él.

Porque en vano vino, y a tinieblas va, y con tinieblas será cubierto su nombre.

Aunque no haya visto el sol, ni conocido nada, más reposo tiene éste que aquél.

Porque si viviere mil años dos veces y no gozó del bien, ciertamente todos van a un lugar.

Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su deseo no se harta.

Porque ¿qué más tiene el sabio que el loco? ¿Qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?

Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.

El que es, ya su nombre ha sido nombrado; y se sabe que es hombre, y que no podrá contender con el que es más fuerte que él.

Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?

Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales el hace como sombra?Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol? 

sábado, 21 de julio de 2018

Casiodoro de Reina: Biblia del Oso. Eclesiastés I, II, III



La Biblia del Oso de Casiodoro de Reina publicada en Basilea en 1569, es, muy probablemente, uno de los monumentos más desconocidos de la literatura española del Siglo de Oro. Ampliamente corregida por Cipriano de Valera en 1602 (con criterio más teológico y pastoral que literario), es esta última versión (Reina-Valera) la que pasó a la posteridad, como la Biblia protestante por antonomasia de la lengua española. Para estas entradas, recuperamos el texto del ejemplar facsimilar  de la edición original que posee la Biblioteca de Princeton, disponible en el imprescindible Internet Archive.

ECLESIASTÉS
I
  Todos los humanos estudios y ocupaciones debajo del sol, vanidad y aflicción de espíritu.

  PALABRAS del predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.

  Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo vanidad.

  . ¿Qué tiene más el hombre de todo su trabajo con que trabaja debajo del sol?

  Generación va, y generación viene: y la tierra siempre permanece.

  Y sale el sol, y pónese el sol: y como con deseo vuelve a su lugar, donde torna a nacer.

  El viento va al mediodía, y rodea al norte: va rodeando rodeando, y por sus rodeos torna el viento.

  Los ríos todos van a la mar, y la mar no se hinche: al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para volver.

  Todas las cosas andan en trabajo más que lo que el hombre pueda decir, ni los ojos viendo hartarse de ver, ni los oídos oyendo henchirse.

  ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol.

  ¿Hay algo de que se pueda decir: veis aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.

  No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

  Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.

  Y di mi corazón a inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; (esta mala ocupación dio Dios a los hijos de los hombres).

  Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol: y he aquí que todo ello es vanidad, y aflicción de espíritu.

  Lo torcido no se puede enderezar: y lo falto no se puede contar.

  Hablé yo con mi corazón diciendo, he aquí yo soy engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes mí en Jerusalén: y mi corazón ha visto multitud de sabiduría y de ciencia;

  Y di mi corazón a conocer la sabiduría, y la ciencia: y las locuras y desvaríos conocí al cabo que hasta esto era aflicción de espíritu.

  Porque en la mucha sabiduría hay mucho enojo: y quien añade ciencia, añade dolor.

II

  Prosigue Salomón en el propósito probándolo de su propia experiencia. Compara la sabiduría con la locura, y da a la sabiduría la ventaja. Esta misma sabiduría siendo mal encaminada en los negocios humanos, también es vanidad. La sabiduría sin solicitud congojosa en sus obras es donde Dios.

  DIJE yo también en mi corazón: Ahora ven acá, yo tentaré en alegría. Mira en bien. Y esto también era vanidad.

  A la risa dije: enloqueces, y al placer: ¿de qué sirve esto?

  Yo propuse en mi corazón de atraer al vino mi carne, y que mi corazón anduviese en sabiduría, y retuviese la locura, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocupasen debajo del cielo todos los días de su vida.

  Engrandecí mis obras, edifiqueme casas, planteme viñas;

  Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos.

  Híceme estanques de aguas para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.

  Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de familia; también tuve posesión grande de vacas y ovejas sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.

  Allegueme también plata y oro, y tesoro preciado de reyes y de provincias. Híceme cantores y cantoras; y todos los deleites de los hijos de los hombres, sinfonía y sinfonías.

  Y fui magnificado y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; de más de esto mi sabiduría me perseveró.

  No negué a mis ojos ninguna cosa que deseasen, ni aparté mi corazón de toda alegría; porque mi corazón gozó de todo mi trabajo, y esta fue mi parte de todo mi trabajo.

  Al cabo yo miré todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas, y he aquí todo vanidad y aflicción de espíritu, y que hay más debajo del sol.

  Después yo torné a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la locura (porque, ¿qué hombre hay que pueda seguir al rey en lo que ya hicieron?).

  Y yo vi que la sabiduría sobrepuja a la locura, como la luz a las tinieblas.

  El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el loco anda en tinieblas. Y entendí también yo que un mínimo suceso sucederá al uno y al otro.

  Y yo dije en mi corazón: como sucederá al loco me sucederá también a mí, ¿para qué, pues, he trabajado hasta ahora para hacerme sabio? Y dije en mi corazón que también esto era vanidad.

  Porque ni del sabio ni del loco habrá memoria para siempre; porque en viniendo pocos días ya todo será olvidado; y también morirá el sabio como el loco.

  Y aborrecí la vida: porque toda obra que se hacía debajo del sol me era fastidiosa; porque todo era vanidad y aflicción de espíritu.

  Y yo aborrecí todo mi trabajo en que trabajé debajo del sol; el cual dejaré a otro, que vendrá después de mí.

  ¿Y quién sabe si será sabio o loco el que se enseñoreará en todo mi trabajo en que yo trabajé, y en que me hice sabio debajo del sol? Esto también es vanidad.

  Y yo torneme para desesperar mi corazón, por todo el trabajo en que trabajé, y en que me hice sabio debajo del sol.

  ¿Que trabaje el hombre con sabiduría y con ciencia, y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello? También esto es vanidad y gran trabajo.
¿Por qué tiene el hombre por todo su trabajo y fatiga de su corazón, en que él trabajó debajo del sol?

  Porque todos sus días no son sino dolores, y enojos sus ocupaciones, aun de noche no reposa su corazón. esto también es vanidad.

  No hay luego bien para el hombre, sino que coma y beba; y que su alma vea el bien de su trabajo. También vi yo que esto es de la mano de Dios.

  Porque, ¿quién comerá y quién se curará mejor que yo?

  Porque el hombre que es bueno delante de Dios, él le da sabiduría y ciencia y alegría; mas al pecador dio ocupación, que allegue y amontone para que dé al bueno delante de él. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

III

  Dios ha puesto sus razones, tiempos y términos a todos los negocios humanos, los cuales, si el hombre conociere, y se acomodare a ellos en los suyos, cuidará la inquietud del ánimo, y retendrá el contentamiento con la sabiduría. Corrupción del mundo en el supremo estado del que es el magistrado. El hombre criado de Dios en excelencia él mismo se envilece con las bestias, guiándose por su sola sabiduría en el caso de su bienaventuranza.

  PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que quisierdes debajo del cielo tiene su tiempo determinado.

  Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado.

  Tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar.

  Tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de endechar y tiempo de bailar.

  Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar.

  Tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de echar.

  Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar.

  Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

  ¿Qué tiene más el que trabaja en lo que trabaja?

  Yo he visto la ocupación que Dios dio a los hombres porque en ella se ocupasen.

  Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y aun el mundo dio a su corazón, de tal manera que no alcance el hombre esta obra de Dios desde el principio hasta el cabo.

  Yo he conocido que no hay mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida.

  Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce de todo su trabajo.

  He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; porque Dios hace, para que teman los hombres delante de él.

  Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, ya fue; y Dios restaura lo que pasó.

  Vide más debajo del sol: En lugar del juicio, allí la impiedad; y en lugar de la justicia, allí la iniquidad.

  Y yo dije en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay tiempo determinado a todo lo que quisierdes, y sobre todo lo que se hace.

  Dije en mi corazón, acerca de la condición de los hijos de los hombres, que Dios los hizo escogidos, y es para ver que ellos sean bestias los unos a los otros.

  Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es; como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad.

  Todo va a un lugar; todo es hecho del polvo,; y todo se tornará en el mismo polvo.

  ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y el espíritu del animal descienda debajo de la tierra?

  Ansí que he visto que no hay bien más que alegrarse el hombre con lo que hiciere; porque ésta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?