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viernes, 26 de diciembre de 2025

Francisco de Quevedo y Willis Barnstone: Dos sonetos

ENSEÑA CÓMO TODAS LAS COSAS AVISAN DE LA MUERTE

 

Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes, ya desmoronados,

de la carrera de la edad cansados,

por quien caduca ya su valentía.

 

Salime al campo, vi que el sol bebía

los arroyos del hielo desatados;

y del monte, quejosos, los ganados,

que con sombras hurtó su luz al día.

 

Entré en mi casa, vi que amancillada

de anciana habitación era despojos;

mi báculo más corvo y menos fuerte,

 

vencida de la edad sentí mi espada,

y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte.

 

A ROMA, SEPULTADA EN SUS RUINAS

 

Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!

y en Roma misma a Roma no la hallas:

cadáver son las que ostentó murallas,

y tumba de sí propio el Aventino.

 

Yace, donde reinaba, el Palatino;

y limadas del tiempo las medallas,

más se muestran destrozo a las batallas

de las edades que blasón latino.

 

Sólo el Tibre quedó, cuya corriente,

si ciudad la regó, ya sepultura

la llora con funesto son doliente.

 

¡Oh Roma! En tu grandeza, en tu hermosura,

huyó lo que era firme, y solamente

lo fugitivo permanece y dura.

FRANCISCO DE QUEVEDO

HE SHOWS HOW ALL THINGS WARN OF DEATH

 

I gazed upon my country’s tottering walls,

one day grandiose, now rubble on the ground,

worn out by vicious time; only renowned

for weakness in a land where courage fails.

 

I went into the fields. I saw the sun

drinking the springs just melted from the ice,

and cattle moaning as the forests climb

against the thinning day, now overrun

 

with shade. I went into my house. I saw

my old room yellowed with the sickening breath

of age, my cane flimsier than before.

 

I felt my sword coffined in rust, and walked

about, and everything I looked at bore

a warning of the wasted gaze of death.

 

TO ROME, BURIED IN ITS RUINS

 

You look in Rome for Rome, O peregrine!

You cannot find the site of Rome in Rome.

What glowed as walls is now a corpse’s home,

a tomb for its own being, the Aventine.

 

The Palatine lies ruined, a mere cage,

and its medallions are filed down by time;

destruction from the battle wounds of age

command great Latin emblems now in slime.

 

Only the Tiber flows, yet its current

watering the city now is watering a tomb

for which it mourns in painful funeral song.

 

Rome! of your magnificence a tent

remains; gone is your beauty, depth. A room

of darting lights endures to make us long.

Translated by WILLIS BARNSTONE

Six Masters of the Spanish Sonnet : Essays and Translations

Southern Illinois University Press, 1993




domingo, 30 de noviembre de 2025

Francisco de Quevedo: Tres poemas del Heráclito cristiano

 

UN NUEVO CORAZÓN, UN HOMBRE NUEVO…

 

Un nuevo corazón, un hombre nuevo

ha menester, Señor, el Alma mía:

desnúdame de mí, que ser podría

que a tu piedad pagase lo que debo.

 

Dudosos pies por ciega noche llevo,

que ya he llegado a aborrecer el día,

y temo que he de hallar la muerte fría

envuelta en (bien que dulce) mortal cebo.

 

Tu imagen soy, tu hacienda propria he sido,

y si no es tu interés en mí, no creo

que otra cosa defiende mi partido.

 

Haz lo que pide el verme cual me veo,

no lo que pido yo, que de perdido,

aún no fío mi salud a mi deseo.

 

TRABAJOS DULCES, DULCES PENAS MÍAS…

 

Trabajos dulces, dulces penas mías;

pasadas alegrías

que atormentáis ahora mi memoria,

dulce en un tiempo, sí, mas breve gloria,

gozada en años y perdida en días;

tarde y sin fruto derramados llantos,

si sois castigo de los cielos santos,

con vosotros me alegro y me enriquezco,

porque sé de mí mismo que os merezco,

y me consuelo más que me lastimo;

mas, si regalos sois, más os estimo,

mirando que en el suelo

sin merecerlo, me regala el cielo.

Perdí mi libertad, mi bien con ella:

no dejó en todo el cielo alguna estrella

que no solicitase,

entre llantos, la voz de mi querella:

¡tanto sentí mirar que me dejase!

Mas ya, ved mi dolor, me he consolado

de ver mi bien perdido,

y, en parte, de perderle me he holgado,

por interés de haberle conocido.

 

ENSEÑA CÓMO TODAS LAS COSAS AVISAN DE LA MUERTE

 

Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes, ya desmoronados,

de la carrera de la edad cansados,

por quien caduca ya su valentía.

 

Salíme al campo, vi que el sol bebía

los arroyos del yelo desatados,

y del monte quejosos los ganados,

que con sombras hurtó su luz al día.

 

Entré en mi casa; vi que, amancillada,

de anciana habitación era despojos;

mi báculo, más corvo y menos fuerte;

 

vencida de la edad sentí mi espada.

Y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte.

FRANCISCO DE QUEVEDO

A NEW HEART, LORD, A NEW MAN…

 

A new heart, Lord, a new man

my soul requires: undress me

of myself, that I might be

what I owe your piety.

 

My doubting feet walk the blind nights,

for I have come to abhor the day,

and I fear I’ll find cold death

wrapped in sweet, lethal bait.

 

Your image I am, your own estate I

have been; if not for your stake in me,

nothing, I think, would have taken my side.

 

Do with me what seeing my plight

demands, not what I demand; lost,

my hopes distrust even my desires.

 

MY SWEET LABORS, MY SWEET PAINS…

 

My sweet labors, my sweet pains,

my past happiness,

how now you torment my memory;

sweet once, yes, but a brief bliss

enjoyed for years and lost in days;

tears spilt belatedly, fruitlessly,

if you are Heaven’s punishment,

I rejoice and by you I am enriched,

and since I know in my heart I merit you,

I find more solace than regret;

but, if you are gifts, I esteem you more,

seeing how, without earning it,

Heaven regales me on earth.

I lost my liberty and with it, my felicity:

in all the heavens not a single star exists

that the voice of my laments

did not invoke amid tears;

so keenly I felt your leaving!

But already—see my sorrow—

I have consoled myself for losing my felicity;

and, in part, I delight in having lost it,

for the sake of knowing sorrow.

 

HE TEACHES HOW EVERYTHING WARNS OF DEATH

 

I gazed upon my country’s walls

strong once, but crumbling now;

wearied by the race of years,

which has wasted all their valor.

 

Walking the fields, I saw the sun

drink streams of dissolving ice,

and sheep plaintive that the peak

had stolen the day with shadows.

 

Coming home, I saw the old rooms,

stained by age, were time’s spoils;

my staff less strong, and more bent;

 

I felt my sword, conquered by years,

and my eyes found no place

to rest save on death’s souvenirs.

 Translated by Christopher D. Johnson




lunes, 11 de abril de 2016

Quevedo y Torres Villarroel: De los remedios de cualquiera fortuna

http://delamirandola.com/biblio-franca/220-remedios-cualquiera-fortuna
DE LOS REMEDIOS DE CUALQUIERA FORTUNA
    —
    DESDICHAS DE LAS QUE CONSUELA
    LUCIO ANNEO SÉNECA

Séneca

  MORIRÁS. Esto es naturaleza del hombre, no pena. Morirás. Con esta condición entré, de salir. Morirás. Derecho es de las gentes volver lo que recibiste, Morirás. Peregrinación es la vida: cuando hayas caminado mucho, es forzoso volver. Morirás. Entendí decías alguna cosa nueva. A esto vine, esto hago, a esto me llevan todos los días. La naturaleza en naciendo me puso este término, ¿qué tengo de que poderme quejar?, a esto me obligué. Morirás. Necedad es temer lo que no puede estorbarse. Esto no lo evita quien lo dilata. Morirás. Ni el primero, ni el postrero. Muchos murieron antes de mí, todos después. Morirás. Éste es el fin del oficio humano. ¿Qué soldado viejo se enojó de que le licenciasen? Adonde va el mundo voy yo. ¿Pues ignoro yo que soy animal racional mortal? Con esta condición se engendra todo. Lo que empezó se acaba. Morirás. ¿Por qué es molesto lo que se hace una vez? Conozco el caudal por ajeno, no por mío. Finalmente yo hice este concierto con el acreedor, de que no puedo quejarme. Morirás. Mejor lo hicieron los dioses, pues nadie me puede decir que moriré, que no sea mortal.

  Quevedo

  Morirás. Fuera verdad entera, si dijeras, has muerto, y mueres; lo que pasó lo tiene la muerte; lo que pasa lo va llevando. Morirás. Desde que nací lo sé, por eso lo espero, y no lo temo. Morirás. No dices bien; di que acabaré de morir, y acertarás, pues con la vida empecé la muerte. Morirás. Dícesme lo que sé, y callas lo que no sé, que es el cuándo. Morirás. Con todos hablas, y todos te sacarán verdadero, y tu vida a ti propio. Morirás. Si he vivido bien, empezaré a vivir; si mal, empezaré a morir. Morirás. No me alborota hacer lo que todos han hecho, y lo que todos harán. Morirás. Primero me lo dijo la naturaleza. Morirás. Es vana amenaza, pues ninguno es tan necio que rehúse lo que hace: no hay hora que yo no muera, ¿por qué he de temer lo que hago?, ¿por qué he de rehusar llegar adonde me llevo? Morirás. No viviera con esperanza de descansar si no esperara morir. Morirás. Con el propio contento que quien navega llega al puerto, y quien peregrina a su patria. Morirás. Y los apetitos y vicios, si muero mozo; y las enfermedades y miserias, si muero viejo. Morirás. Y si muero dichoso, la envidia que me tienen; y si desdichado, la que yo tengo. Morirás. Y los cuidados y desvelos, si soy rico; y el desprecio y las calamidades, si soy pobre. Morirás. Si hablas con el cuerpo, no lo puedo excusar por la naturaleza; si con el ánima, te pueden desmentir las virtudes y la gracia. Morirás. Si hubiera alguno a quien no lo pudieras decir, me entristecieras. Morirás. No podré de otra manera seguir a muchos, y ser seguido de todos. Morirás. No hay otro camino para pasar a vida sin muerte. Mientras lo dijeres a todos no podrás mentir, y no hay en todos uno en quien no puedas mentir, si le dijeres que vivirá.


  Torres Villarroel

  Morirás. Si es aviso, para los dos es; si consejo, para ti y para mí; si amenaza, para entrambos; y si noticia, para el uno y el otro, y a mi conocimiento todo llega tarde, porque desde que vi al primer difunto me estoy contando con los muertos, y a la tierra que me sufre la halago como madre y la miro como tumba. Morirás. Moriré, o me matará el médico, un uñal, una pedrada, o un sartenazo. Morirás. Todos nos acabamos a un tiempo, yo salgo del mundo, y a la misma hora sale todo el mundo de mí. Morirás. Esa es pesadumbre para el necio, que piensa que vive, no para quien cuenta su muerte desde el día primero de su vida. Morirás. Si es en gracia, angelitos  al cielo; si en pecado, será mi condenación; y entonces podrás decir con verdad que moriré. Morirás. Te engañas, que yo soy inmortal, porque yo soy mi alma, y no mi cuerpo. Desnudarse de la carne no es morir. Morirás. Susténtame entretanto. Morirás. Con esa moneda hemos todos de pagar esta posada. Morirás. En haciéndolo una vez, no me lo volverás a decir otra. Morirás. Negarlo es locura; resistirlo, desesperación. Morirás. El morir no lo temo, el después de morir me tiene con cuidado. Morirás. Para el hereje es pérdida y horror; para mí puede ser gloria y ganancia. Morirás. Más me admira lo que vivo, que lo que muero. Morirás. Los niños tiernos, las doncellas blandas, y los Reyes regalados, y los Papas venerables, se mueren, pues desvergonzada cobardía es temer lo que pasa por los Papas, por los Reyes, por las doncellas y por los niños. Morirás. Si piensas que lo dudo, ofendes a Dios, porque le niegas en mí el discurso que me dio de hombre y su semejanza. Morirás. Por no tratar contigo, mejoraré de fortuna en la muerte. Morirás. Gracias a Dios que oigo una verdad en tu boca. Morirás. Muera, para luego es tarde: de cristiano y de curioso, deseo morir; de cristiano, por empezar a vivir; de curioso, porque ya deseo saber cómo se muere. Morirás. Y tú también. Morirás. Pues por si no nos volvemos a ver, a Dios amigo. Morirás. Pues Dios me perdone, y a ti, cuando de este mundo vayas.

http://delamirandola.com/

domingo, 20 de diciembre de 2009

Francisco de Sales y Francisco de Quevedo

La literatura mística es, quizás, una de las partes más ignoradas de la literatura francesa. Quizás el esplendor del vecino siglo de oro español haya opacado, en Europa y en la misma Francia, los nombres del cardenal de Bérulle, de Jean-Jacques Olier, incluso del gran Bossuet. La obrita de San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, conoció, sin embargo, un éxito particular que ha perdurado casi hasta nuestros días. Su prosa llena de encanto, a caballo entre la lengua de Montaigne y el clasicismo del reino de Luis XIV, tuvo la dicha de contar con un lujoso traductor al español: Francisco de Quevedo. Podemos imaginar aquellas horas serenas en la Torre de Juan Abad que empleó nuestro don Francisco para brindarle al dulce obispo de Ginebra esta magnífica lengua castellana.




Introduction à la vie dévote
Chapitre I


Vous aspirez à la dévotion, très chère Philothée, parce qu’étant chrétienne, vous savez que c’est une vertu extrêmement agréable à la divine Majesté : mais, d’autant que les petites fautes que l’on commet au commencement de quelque affaire s’agrandissent infiniment au progrès et sont presque irréparables à la fin, il faut avant toutes choses que vous sachiez que c’est que la vertu de dévotion; car, d’autant qu’il n’y en a qu’une vraie, et qu’il y en a une quantité de fausses et vaines, si vous ne connaissiez quelle est la vraie, vous pourriez vous tromper et vous amuser à suivre quelque dévotion impertinente et superstitieuse.


Arélius peignait toutes les faces des images qu’il faisait, à l’air et ressemblance des femmes qu’il aimait, et chacun peint la dévotion selon sa passion et fantaisie. Celui qui est adonné au jeûne se tiendra pour bien dévot pourvu qu’il jeûne, quoique son coeur soit plein de rancune; et n’osant point tremper sa langue dedans le vin ni même dans l’eau, par sobriété, ne se feindra point de la plonger dedans le sang du prochain par la médisance et calomnie. Un autre s’estimera dévot parce qu’il dit une grande multitude d’oraisons tous les jours, quoiqu’après cela sa langue se fonde toute en paroles fâcheuses, arrogantes et injurieuses parmi ses domestiques et voisins. L’autre tire fort volontiers l’aumône de sa bourse pour la donner aux pauvres, mais il ne peut tirer la douceur de son coeur pour pardonner à ses ennemis; l’autre pardonnera à ses ennemis, mais de tenir raison à ses créanciers, jamais qu’à vive force de justice. Tous ces gens-là sont vulgairement tenus pour dévots, et ne le sont pourtant nullement. Les gens de Saül cherchaient David en sa maison; Michol ayant mis une statue dedans un lit et l’ayant couverte des habillements de David, leur fit accroire que c’était David même qui dormait malade : ainsi beaucoup de personnes se couvrent de certaines actions extérieures appartenant à la sainte dévotion, et le monde croit que ce soient gens vraiment dévots et spirituels; mais en vérité ce ne sont que des statues et fantômes de dévotion.


La vraie et vivante dévotion, o Philothée, présuppose l’amour de Dieu, ains elle n’est autre chose qu’un vrai amour de Dieu; mais non pas toutefois un amour tel quel: car, en tant que l’amour divin embellit notre âme, il s’appelle grâce, nous rendant agréables à sa divine Majesté; en tant qu’il nous donne la force de bien faire, il s’appelle charité; mais quand il est parvenu jusques au degré de perfection auquel il ne nous fait pas seulement bien faire, ains nous fait opérer soigneusement, fréquemment et promptement, alors il s’appelle dévotion. Les autruches ne volent jamais; les poules volent, pesamment toutefois, bassement et rarement; mais les ,aigles, les colombes et les arondelles volent souvent, vitement et hautement. Ainsi les pécheurs ne volent point en Dieu, ains font toutes leurs courses en la terre et pour la terre; les gens de bien qui n’ont pas encore atteint la dévotion volent en Dieu par leurs bonnes actions, mais rarement, lentement et pesamment; les personnes dévotes volent en Dieu fréquemment, promptement et hautement. Bref, la dévotion n’est autre chose qu’une agilité et vivacité spirituelle par le moyen de laquelle la charité fait ses actions en nous, ou nous par elle, promptement et affectionnément; et comme il appartient à la charité de nous faire généralement et universellement pratiquer tous les commandements de Dieu, il appartient aussi à la dévotion de les nous faire faire promptement et diligemment. C’est pourquoi celui qui n’observe tous les commandements de Dieu, ne peut être estimé ni bon ni dévot, puisque pour être bon il faut avoir la charité, et pour être dévot il faut avoir, outre la charité, une grande vivacité et promptitude aux actions charitables.


Et d’autant que la dévotion gît en certain degré d’excellente charité, non seulement elle nous rend prompts et actifs et diligents à l’observation de tous les commandements de Dieu; mais outre cela, elle nous provoque à faire promptement et affectionnément le plus de bonnes oeuvres que nous pouvons, encore quelles ne soient aucunement commandées, ains seulement conseillées ou inspirées. Car tout ainsi qu’un homme qui est nouvellement guéri de quelque maladie chemine autant qu’il lui est nécessaire, mais lentement et pesamment, de même le pécheur étant guéri de son iniquité, il chemine autant que Dieu lui commande, pesamment néanmoins et lentement jusques à tant qu’il ait atteint à la dévotion; car alors, comme un homme bien sain, non seulement il chemine, mais il court et saute « en la voie des commandements de Dieu », et, de plus, il passe et court dans les sentiers des conseils et inspirations célestes. Enfin, la charité et la dévotion ne sont non plus différentes l’une de l’autre que la flamme l’est du feu, d’autant que la charité étant un feu spirituel, quand elle est fort enflammée elle s’appelle dévotion : si que la dévotion n’ajoute rien au feu de la charité, sinon la flamme qui rend la charité prompte, active et diligente, non seulement à l’observation des commandements de Dieu, mais à l’exercice des conseils et inspirations célestes.


SAN FRANCISCO DE SALES




Intrducción a la vida devota
Capítulo I
Descripción de la verdadera devoción.


Querida Filotea, siendo cristiana bien sé que aspiras a la devoción, por ser ésta una virtud en extremo agradable a la Majestad Divina. Mas por cuanto las faltas pequeñas en que se cae al principio de cualquier obra, se refuerzan y crecen en el progreso de ella, y son a la fin casi irreparables, es necesario ante todas cosas sepas lo que es esta virtud de devoción, porque no hay sino una verdadera y gran cantidad de falsas y vanas, sino conoces la cierta y segura podrías fácilmente engañarte y seguir alguna devoción impertinente y supersticiosa.


Aurelio pintaba todas las caras de las imágenes que hacía, a semejanza con el aire de las mujeres que amaba, y cada uno pinta la devoción según su pasión y fantasía; el que se da al ayuno se tendrá por muy devoto sólo porque ayuna, aunque por otra parte tenga el corazón lleno de rencor y malicia, y sin osar tocar su lengua a vino ni agua, por templanza, no se le dará nada de meterla y cebarla en la sangre de su prójimo, a fuerza de murmuración y calumnia. Otro se tendrá por muy devoto porque cada día dice una gran multitud de oraciones, aunque después de esto deshaga su lengua en palabras enojosas, arrogantes y injuriosas, así con sus domésticos como con sus vecinos. Otro sacará de buena gana limosna de la bolsa para dar a los pobres, y no podrá sacar del corazón dulzura y piedad para perdonar a sus enemigos, y no querrá componerse con sus deudores sino a fuerza de justicia. Todos estos son tenidos vulgarmente por devotos, nombre que de ninguna manera le merecen. Buscando la gente de Saúl a David en su casa, puso Micol en una cama una estatua, cubierta y adornada de los vestidos del mismo que buscaba, con que hizo creer a la gente de Saúl que el que al parecer dormía era David, que estaba enfermo. Así muchas personas se cubren de ciertas acciones exteriores aparentes a la santa devoción, con que el mundo las tiene por verdaderamente devotas y espirituales, no siendo en suma sino estatuas y fantasmas de devoción.


La verdadera y viva devoción, oh Filotea, presupone amor de Dios, y antes no es otra cosa sino un verdadero amor divino y no amor como quiera, porque en cuanto el amor divino hermosea nuestra alma se llama gracia, haciéndonos agradables a su Divina Majestad, en cuanto nos da fuerza de bien hacer se llama caridad, mas cuando llega al grado de perfección en cual no solamente nos hace bien hacer sino obrar cuidándola, frecuente y prontamente, entonces se llama devoción. Los avestruces no vuelan jamás, las gallinas vuelan poco aunque pesada y raramente, mas las águilas, palomas y golondrinas vuelan a menudo, apriesa y alto; así los pecadores no vuelan en Dios, antes hacen todos sus cursos en la tierra y para la tierra; la buena gente, que aún no ha llegado a la devoción, vuela en Dios por medio de sus buenas acciones, pero rara y pesadamente. Las personas devotas vuelan en Dios frecuente, pronta y altamente; en fin, la devoción no es otra cosa sino una agilidad y vivacidad espiritual, y vivacidad espiritual por medio de la cual la caridad ejercita sus acciones en nosotros, y nosotros por ella obramos, pronta y aficionadamente; y como pertenece a la caridad el hacernos guardar los mandamientos de Dios, general y universalmente, pertenece también a la devoción el hacer que los guardemos pronta y diligentemente, causa por que el que no guarda todos los mandamientos de Dios no puede ser tenido por bueno ni devoto, porque para ser bueno es necesaria la caridad, y para ser devoto es necesaria, además de la caridad, una grande vivacidad y prontitud en las acciones caritativas.


Y como la devoción consiste en cierto grado de excelente caridad, no solamente nos hacemos prontos, activos y diligentes en la observación de todos los mandamientos de Dios, sino que fuera de esto nos provoca a hacer pronta y aficionadamente las más de las buenas obras que podemos, aunque las tales no sean, de ninguna manera, de precepto sino solamente aconsejadas o inspiradas. Porque de la misma manera que un hombre que acaba de sanar de alguna enfermedad camina aquello que le es necesario, pero lenta y pesadamente, así el pecador, habiendo sanado de su iniquidad, camina aquello que Dios le manda, pero también lenta y pesadamente, hasta que llega a alcanzar la devoción, porque entonces, como un hombre bien sano y dispuesto, no solamente camina pero corre y salta en el camino de los mandamientos de Dios, y de mejor en mejor va corriendo en las sendas de los consejos e inspiraciones celestiales. En fin, la caridad y la devoción no son más diferentes la una de la otra que la llama lo es del fuego, por cuanto la caridad, siendo un fuego espiritual, cuando está muy inflamada se llama devoción; de manera que la devoción no junta nada al fuego de la caridad sino la llama, con la cual se hace la caridad pronta, activa y diligente, no solamente en la observación de los mandamientos de Dios sino en el ejercicio de los consejos y inspiraciones celestes.


FRANCISCO DE QUEVEDO VILLEGAS

miércoles, 29 de abril de 2009

Joachim du Bellay, Quevedo y Andrés Holguín 1


El poeta colombiano Andrés Holguín publicó en 1954 su célebre Antología de la poesía francesa. ¿Qué duda cabe de que Andrés Holguín recibió el don de darnos algunas de las mejores versiones castellanas de muchos poemas franceses?
Su versión de uno de los más memorables sonetos de Joachim du Bellay bien merece figurar al lado de la que hiciera el gran Quevedo.



Nouveau venu...

Nouveau venu, qui cherches Rome en Rome
Et rien de Rome en Rome n'aperçois,
Ces vieux palais, ces vieux arcs que tu vois,
Et ces vieux murs, c'est ce que Rome on nomme.

Vois quel orgueil, quelle ruine : et comme
Celle qui mit le monde sous ses lois,
Pour dompter tout, se dompta quelquefois,
Et devint proie au temps, qui tout consomme.

Rome de Rome est le seul monument,
Et Rome Rome a vaincu seulement.
Le Tibre seul, qui vers la mer s'enfuit,

Reste de Rome. O mondaine inconstance!
Ce qui est ferme, est par le temps détruit,
Et ce qui fuit, au temps fait résistance.


A Roma sepultada en sus ruinas

Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!,
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí propio el Aventino.

Yace, donde reinaba, el Palatino;
y limadas del tiempo las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que blasón latino.

Sólo el Tibre quedó, cuya corriente
si ciudad la regó, ya sepultura
la llora con funesto son doliente.

¡Oh Roma! En tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura.


A Roma en Roma buscas...

A Roma en Roma buscas, oh extranjero,
Mas ya nada de Roma en Roma existe,
Los viejos muros que entre escombros viste
Es lo que llama Roma el mundo entero.

Cuánto orgullo entre ruinas prisionero,
Tú, que al mundo tus leyes impusiste,
Para vencerlo todo, te venciste,
Y el tiempo te consume en su brasero.

Túmulo es Roma, a Roma misma alzado,
A Roma sólo Roma ha sojuzgado,
Y, oh vaivén mundanal, sólo subsiste

De Roma, el Tíber que a lo lejos huye,
El tiempo lo que es firme lo destruye,
Y sólo lo que huye le resiste.