sábado, 13 de noviembre de 2021

Dylan Thomas y Juan Rodolfo Wilcock: Cinco poemas

 

The force that through the green fuse drives the flower…

 

The force that through the green fuse drives the flower

Drives my green age; that blasts the roots of trees

Is my destroyer.

And I am dumb to tell the crooked rose

My youth is bent by the same wintry fever.

 

The force that drives the water through the rocks

Drives my red blood; that dries the mouthing streams

Turns mine to wax.

And I am dumb to mouth unto my veins

How at the mountain spring the same mouth sucks.

 

The hand that whirls the water in the pool

Stirs the quicksand; that ropes the blowing wind

Hauls my shroud sail.

And I am dumb to tell the hanging man

How of my clay is made the hangman’s lime.

 

The lips of time leech to the fountain head;

Love drips and gathers, but the fallen blood

Shall calm her sores.

And I am dumb to tell a weather’s wind

How time has ticked a heaven round the stars.

 

And I am dumb to tell the lover’s tomb

How at my sheet goes the same crooked worm.

 

La fuerza que a través del tallo verde mueve la flor,

mueve mi verde edad; la que arde las raíces de los árboles

es la que me destruye.

y no puedo decirle a la rosa torcida

que la misma fiebre invernal tuerce mi juventud.

 

La fuerza que mueve el agua entre las rocas

mueve mi sangre roja; la que seca la boca de los ríos

vuelve cera mi sangre.

Y no puedo decides a mis venas

cómo la misma boca chupa en el manantial de la montaña.

 

La mano que arremolina el agua en la laguna

agita el fondo; la que encorda el viento

iza mi vela de mortaja.

y no puedo decirle al que me cuelga

que la cal del verdugo se saca de mi arcilla. (*)

 

Los labios del tiempo succionan en la fuente misma;

el amor gotea y se junta, pero la sangre caída

calmará sus heridas.

Y no puedo decide a un viento cualquiera

cómo el tiempo ha formado un cielo entre las estrellas.

 

y no puedo decide a un sepulcro de amante

cómo el mismo gusano se curva entre mis sábanas.

 

(*) Nota del traductor: Los ahorcados, en Inglaterra, son enterrados en cal viva.

 

Shall gods be said…

 

Shall gods be said to thump the clouds

When clouds are cursed by thunder,

Be said to weep when weather howls?

Shall rainbows be their tunics’ colour?

 

When it is rain where are the gods?

Shall it be said they sprinkle water

From garden cans, or free the floods?

 

Shall it be said that, venuswise,

An old god’s dugs are pressed and pricked,

The wet night scolds me like a nurse?

 

It shall be said that gods are stone.

Shall a dropped stone drum on the ground,

Flung gravel chime? Let the stones speak

With tongues that talk all tongues.

 

¿Diremos que los dioses golpean las nubes

cuando el trueno las maldice?

¿Diremos que lloran cuando aúlla el viento?

¿que los arco-iris son el color de sus túnicas?

 

¿Adónde están los dioses cuando llueve?

¿Diremos que salpican agua

con regaderas, o liberan torrentes?

 

¿Diremos que, venusinamente,

se aprietan y pellizcan las viejas tetas de un dios,

que la noche lluviosa me reta como una niñera?

 

Se dirá que los dioses son piedra.

¿Una piedra caída retumbará en el suelo,

repicará el puñado de gravilla? Que hablen las piedras

con lenguas que hablan toda lengua.

 

 

Was there a time…

 

Was there a time when dancers with their fiddles

In children’s circuses could stay their troubles?

There was a time they could cry over books,

But time has set its maggot on their track.

 

Under the arc of sky they are unsafe.

What’s never known is safest in this life.

Under the skysigns they who have no arms

Have cleanest hands, and, as the heartless ghost

Alone’s unhurt, so the blind man sees best.

 

¿Hubo épocas en que los bailarines con sus violines

podían calmar sus afanes en circos para niños?

Hubo un tiempo en que podían llorar ante un libro,

pero el tiempo les ha puesto su gusano sobre la pista.

Bajo el arco del cielo corren peligro.

Lo que no se conoce, en esta vida, es lo seguro.

Bajo los avisos del cielo los que no tienen brazos

tienen las manos más limpias, y así como sólo está a salvo

el fantasma sin corazón, así ve mejor el ciego.

 

The hand that signed the paper…

 

The hand that signed the paper felled a city;

Five sovereign fingers taxed the breath,

Doubled the globe of dead and halved a country;

These five kings did a king to death.

 

The mighty hand leads to a sloping shoulder,

The finger joints are cramped with chalk;

A goose’s quill has put an end to murder

That put an end to talk.

 

The hand that signed the treaty bred a fever,

And famine grew, and locusts came;

Great is the hand that holds dominion over

Man by a scribbled name.

 

The five kings count the dead but do not soften

The crusted wound nor stroke the brow;

A hand rules pity as a hand rules heaven;

Hands have no tears to flow.

 

La mano que firmó el papel abatió una ciudad;

cinco dedos soberanos pusieron tasa al aliento,

duplicaron el mundo de los muertos, partieron un país;

esos cinco reyes dieron muerte a un rey.

 

La mano poderosa asciende a un hombro enclenque,

sus articulaciones están duras de tiza;

una pluma de ganso puso fin al crimen

que puso fin a las palabras.

 

La mano que firmó el tratado impuso fiebres,

y aumentó el hambre, vinieron las langostas;

grande es la mano que así impera sobre

el hombre con un nombre mal escrito.

 

Los cinco reyes cuentan los muertos pero no

ablandan las heridas coriáceas, no acarician las frentes;

una mano rige la piedad, como una rige el cielo;

las manos no tienen lágrimas que verter.

 

 

Twenty-four years…

 

Twenty-four years remind the tears of my eyes.

(Bury the dead for fear that they walk to the grave in labour.)

In the groin of the natural doorway I crouched like a tailor

Sewing a shroud for a journey

By the light of the meat-eating sun.

Dressed to die, the sensual strut begun,

With my red veins full of money,

In the final direction of the elementary town

I advance for as long as forever is.

 

Veinticuatro años recuerdan las lágrimas de mis ojos.

(Enterremos a los muertos para que no marchen con trabajo a la tumba).

En la ingle del portal natural me acuclillé como un sastre

cosiendo una mortaja para el viaje

a la luz del sol carnívoro.

Vestido para morir, iniciada ya la parada sensual,

con mis venas rojas llenas de dinero

en la dirección final de la ciudad elemental

avanzo hasta donde dure siempre.

 

DYLAN THOMAS

JUAN RODOLFO WILCOCK

Entregas de La Licorne nº 8. Montevideo, 1956