
ENTRE todas las obras del conde Friedrich von
Hardenberg-Novalis son los Fragmentos
sus escritos más importantes. Los concibió según cierto plan para que más tarde
formasen una biblia científica que sea ejemplo y germen reales e ideales para
todos los libros. Sobrevino una muerte temprana (murió el año 1801 a la edad de
veintinueve años), de modo que este montón de más de dos mil fragmentos no
llegó a formar una obra completa. Nos quedó sólo un conglomerado de apuntes y
de frases a veces hasta insignificantes, juveniles, sin formación ni ordenación
algunas. Entre aquéllos, sin embargo, se encuentra cierto número que deja
entrever rasgos geniales. Digo genial, entendiendo por tal no a un empírico,
sino a un hombre capaz de saltar por encima de cualquier experiencia, dando con
resultados y hechos, anticipándolos, adivinándolos de un modo certero. No hay
duda de que esto sucedió en Novalis. Aparte de su profunda religiosidad, de la
cual brotaron unas Canciones religiosas de gran intensidad y belleza, aparte de
que él, sosteniéndose en esta religiosidad, concibió el mundo como un ente
total, rompiendo con toda herencia filosófica, más que milenaria, es Novalis,
con Schelling y Hölderlin, el primero en fraguar los cimientos de un concepto
nuevo del mundo, que hoy día, corroborado por experiencias, va cundiendo cada
vez más.
A menudo se suele oponer Hölderlin a Novalis. Los
que así proceden se fundan en el ambiente aparentemente pagano de la obra del
autor de Hiperión. Olvidan que este
ambiente no tiene importancia alguna para el aprecio del valor esencial de Hölderlin,
como tampoco el escenario medieval del Heinrich
von Ofterdingen puede influir en el enjuiciamiento verdadero de Novalis. En
ambos poetas este acto de crear un ambiente extraño al de su tiempo es un
expediente puramente romántico: la trasplantación de los sucesos exteriores a
un nivel que mejor corresponda o menos estorbe la manifestación de un nuevo
sentimiento de vida que por medio de ellos querría exteriorizarse. Es cierto
que este sentimiento, presentido ya en parte por Leibniz y Goethe, se manifestó
lo mismo en Novalis que en Hölderlin, pero en ambos sólo de una manera poco
consciente. Novalis se limitó a unas afirmaciones más o menos abstractas e
intelectuales: sus Fragmentos. Le
falta cierta intensidad humana, aunque no carezca de sensibilidad y
religiosidad iguales a las de Hölderlin. Pero éste, sobrellevando una muerte
casi el mismo año que Novalis se entregó a la suya, llega a humanizar, ya
estando tras ella, un concepto del mundo que no reconoce límites intermedios,
mientras que Novalis lo adivinó de una manera puramente cerebral. Si Hölderlin
en una de las poesías de sus últimos tiempos dice:
Und herrlich ist die Luft in offenen Räumen.
Das weite Tal ist in die Welt gedehnet,
Und Turm und Hang an Hügeln angelehnet
(y es magnífico el aire en los espacios abiertos;
el ancho valle está dilatado en el mundo
y torre y ladera en las colinas se reclinan),
no indican estos versos otra cosa que la expresión de un
sentimiento absolutamente nuevo del mundo, que le sitúa a gran distancia de los
llamados clásicos, acercándole, emparentándole con Novalis. De la amplitud de
aquellas palabras no hay más que un solo paso para llegar a la frase: Leben ist Tod, und Tod ist auch ein Leben.
(La vida es muerte, y la muerte también es una vida). Esta sentencia de Hölderlin
bien puede considerarse como variación de un tema calderoniano, variación que
Novalis inició y que sigue hasta el día.
Estriba la diferencia entre Novalis y Hölderlin,
como acabamos de ver, en sus distintas actitudes. Hölderlin llegó a verificar
por medio de su propia vida lo difícil que es la empresa de vivir
anticipadamente ideas que todavía no están desarrolladas en los coetáneos.
Novalis, en quien todo quedó reducido a lo fragmentario, supo exteriorizar
ejemplos y gérmenes que después de más de un siglo están engendrando casi todos
los libros que forman los fundamentos del mundo venidero.
La selección siguiente de los Fragmentos abarca unos cuantos que fueron publicados por primera
vez pocos años ha. Cuando Novalis murió, se encargaron los hermanos Schlegel de
editar sus obras póstumas, de las cuales formaron parte casi todos los
fragmentos. (También publicaron la obra de Hölderlin, no obstante que éste
vivía todavía en su apartamiento.) Quizá sea significativo que el interés
redivivo tanto por Hölderlin como por Novalis date sólo del tercer lustro de
nuestro siglo. En esta época estaban recién comprobadas por hechos, experiencias
e investigaciones gran número de las ideas y relaciones anticipadas por
Novalis, y, por otra parte, se despertó también en Alemania una nueva conciencia,
interrumpida, mas no apagada, por la guerra de 1914. Fue entonces cuando se
editaron por primera vez los últimos poemas de Hölderlin. Estos volvieron a
publicarse en 1923 notablemente aumentados. El mismo año edita L. P. Landsberg
su selección de los Fragmentos bajo
el título Escritos religiosos, a la
cual siguió, en 1929, la edición más completa hasta la fecha, aunque
arbitrariamente ordenada.
JEAN GEBSER
Revista Cruz y Raya nº 39.
Madrid, junio de 1936.
FRAGMENTOS de esta clase son semillas literarias.
Bien puede ser que se encuentre entre ellas algún grano vacío, ¿pero qué
importa si una no prende?
Experiencias aisladas son como fragmentos.
Toda ceniza es polen — y su cáliz el cielo.
LA filosofía es de raíz anti-histórica. Del porvenir
y de lo necesario se vuelve hacia la realidad, siendo ciencia del sentido
general de la adivinación. Explica el pasado por medio del futuro, lo que
ocurre al revés con la historia. (Observa todo de una manera aislada, en estado
natural, sin conexiones.)
El filósofo vive de problemas como el hombre de
manjares. Un problema insoluble es un manjar indigesto. Lo que los condimentos son para los
manjares, las paradojas para los problemas. Verdaderamente solucionado está un
problema cuando se ha destruido como tal. Lo mismo en los manjares. Lo que se
sale ganando en ambos casos es la actividad que por ellos se origina. Pero hay
problemas nutritivos, como existen manjares nutritivos, cuyos elementos llegan
a provocar un acrecentamiento de mi inteligencia. Por el acto de filosofar,
siempre que sea una operación absoluta, se mejora continuamente mi inteligencia
además de renovarse sin cesar —lo que no tienen lugar en los manjares sino sólo
hasta cierto punto. Una mejoría rápida de nuestra inteligencia es tan peligrosa
como un fortalecimiento rápido. El ritmo propio de la salud y de la mejoría es
lento, aunque haya también aquí, según las diferentes constituciones, grados
diversos de velocidad. Así como no comemos para suministrarnos materias
extrañas y absolutamente nuevas, tampoco filosofamos para dar con verdades
extrañas y absolutamente nuevas. Filosofamos exactamente por el porqué del
vivir. Supuesto el caso que se llegase un día a vivir sin alimentos dados,
entonces se llegaría también a filosofar sin problemas dados —si es que no han
logrado ya algunos este fin.
¿No sería posible que hubiera un cielo en la
filosofía, es decir, un caudal infinito de fuerza sistematizadora?, siempre
bajo el supuesto de un cuerpo central infinito que no fuese otro que el cielo
mismo donde vivimos, oscilamos y estamos.
Las ideas de Platón: habitantes de la fuerza
pensante, del cielo interior.
Nada más accesible al espíritu que lo infinito.
El lenguaje significa para la filosofía lo mismo que
para la música o para la pintura: de ninguna manera es el medio adecuado de la
representación.
Si la insolubilidad constituye el carácter de un
problema dado, lo solucionaremos si demostramos su insolubilidad. (Sabemos
bastante de a al saber que su
predicado es a.)
Toda desesperación es determinista — pero también el
determinismo es un elemento del universo o sistema filosófico. La desmembración
y la creencia equivocada en la realidad de los elementos es el origen de la
mayoría de los errores, si no de todos los que hasta el día surgieron.
NUESTRA vida no es sueño, pero tiene que volverse
sueño y quizás llegará a serlo.
La vida es una enfermedad del espíritu, una acción
apasionada.
Quien conciba la vida de otra manera que como una
ilusión que se aniquila a sí misma, es aún prisionero de la vida.
Caso de que existiese una esfera más sublime, sería
la que está entre el Ser y el No-ser, sería un estar entre los dos —algo
inefable; aquí tenemos la noción: la vida.
La vida es principio de la muerte. La vida es por la
muerte. La muerte es al mismo tiempo final y comienzo, separación y unión, más
íntima, consigo mismo. Con la muerte se acaba la limitación.
Morir es una actitud genuinamente filosófica.
La muerte es una victoria sobre sí mismo —la cual,
como todo vencimiento de sí mismo, proporciona una nueva existencia más fácil.
Como seres terrestres aspiramos al perfeccionamiento
espiritual, hacia el cuerpo. Como seres no terrestres, sino espirituales,
aspiramos al perfeccionamiento terrestre, hacia el cuerpo. Solamente por medio
de la moral logramos los dos fines. Un demonio que pueda aparecer,
efectivamente aparecer, tiene que ser un espíritu bueno. Tiene que ser lo mismo
que el hombre que sabe efectuar maravillas verdaderas, y que verdaderamente
sepa tratar con los espíritus. Un hombre que se vuelve espíritu es al mismo
tiempo espíritu que se vuelve cuerpo. Esta especie más sublime de la muerte —si
se me permite hablar de este modo— no tiene nada que ver con la muerte común;
será algo que podemos llamar transfiguración.
LA ocupación del hombre es el ensanchamiento de su
existencia hacia lo infinito.
¿Tienen todos los hombres que ser hombres? Bien
puede ser que haya seres con estatura humana completamente diferentes de los
hombres.
El hecho de pensar con tanto desprecio de nuestros
progresos, de nuestro nivel, es una fuerte prueba de lo adelantado que ya
estamos.
El hombre: una metáfora.
El hombre es un sol, y sus sentidos son los
planetas.
Describir hombres ha sido imposible hasta ahora por
no saber lo que el hombre es. Cuando se sepa lo que es, se sabrá también
describir genéticamente a los individuos.
Hace falta que no seamos meramente hombres, sino más
que hombres. O dicho de otra manera: ser hombre es tanto como ser Universo. No
es nada determinado. Tiene y debe ser al mismo tiempo algo determinado e indeterminado.
Soñamos viajes a través del Universo: pero, ¿no está
el Universo dentro de nosotros? No conocemos las profundidades de nuestro
espíritu. —Hacia dentro va el camino misterioso. En ninguna parte, sino dentro
de nosotros, está la eternidad con sus mundos, el pasado y el porvenir.
El hombre progresa sucesivamente, más ligero a cada
paso, creciendo el espacio a medida de la velocidad adquirida.
La fuerza se deja reemplazar por el equilibrio, y
todo hombre tiene que sostenerse en equilibrio por ser éste el estado genuino
de la libertad.
Los dolores deben ser soportables por el solo hecho
de ser nosotros mismos los que los originamos, pues no sufrimos más que en la
medida en que somos activos en el sufrir.
Hay que estar orgulloso del dolor —cada dolor es un
recuerdo de nuestro alto rango.
La humanidad es, por así decirlo, el sentido más
excelso de nuestro planeta, el ojo que levanta hacia el cielo, el nervio que
une este miembro con el mundo superior.
A la humanidad le toca desempeñar un papel
humorístico.
Quien busca, duda. Pero el genio dice de una manera
franca y certera lo que ve desarrollarse dentro de sí mismo, porque no es
captado por la representación de lo que ve, y, por consiguiente, tampoco ésta
es cautiva del genio. Al contrario, parecen concordar libremente su
contemplación y lo contemplado, uniéndose desembarazadamente para una obra.
LO desconocido, lo misterioso, es resultado y
comienzo de todo. (Conocemos sólo lo que a sí mismo se conoce.) Lo que no se
comprende, se halla en un estado imperfecto y tiene que ser paulatinamente
hecho comprensible. La Naturaleza es incomprensible per se.
EL mundo es el resultado de una inteligencia
infinita, y nuestra propia pluralidad interior es el fundamento del concepto
del mundo.
Toda marcha está en su ritmo: habiendo comprendido
la del mundo, se comprende el mundo.
Cada línea es un eje del mundo.
Todo parece que fluye hacia nosotros porque salimos
de nosotros. Somos negativos porque queremos. Cuanto más positivos nos
volvemos, tanto más negativo se vuelve el mundo que nos rodea, hasta que, por
fin, no haya ninguna negación, sino que seamos todo en el todo.
El mundo es la suma del pasado y de lo que se
desprendió de nosotros.
El espacio traspasa al tiempo como el cuerpo al
alma.
Tiempo es espacio interior. —Espacio es tiempo
exterior.
BUSCAMOS por todas partes lo no causado y siempre
tropezamos con causas o cosas.
Acomodarse a las cosas o que se acomoden las cosas a
nosotros, es lo mismo.
LA propiedad, según nuestro concepto jurídico, es
sólo una noción positiva, es decir, una noción que cesará tan pronto como cese
el estado de barbarie. El derecho positivo tiene que tener fundamentos
positivos a priori. Propiedad es
aquello que nos da la posibilidad de exteriorizar nuestra libertad en el mundo
de los sentidos.
LA mayoría de los que estudian la revolución,
especialmente los inteligentes y nobles, la han declarado enfermedad mortal y
contagiosa. Se han parado en los síntomas, interpretándolos y mezclándolos de
una manera abundante. Algunos la consideraron sólo como un mal local. Los
adversarios más avisados insistieron en su castración. Bien se daban cuenta de
que esta supuesta enfermedad no era nada menos que crisis de pubertad.
La hipótesis antigua de que los cometas fueron las
antorchas de la revolución del universo, es valedera también para otra clase de
cometas que periódicamente revolucionan y rejuvenecen el universo intelectual.
El astrónomo espiritual nota desde hace mucho la influencia de un tal cometa
sobre una parte considerable del planeta espiritual, parte que llamamos la
humanidad. Inundaciones fuertes, cambios de climas, alteraciones del centro de
gravedad, tendencia general a fundirse, meteoros singulares son los síntomas de
esta incitación aguda cuyas consecuencias decidirán el contenido de una nueva
era mundial. Tan necesario como pueda ser poner todo en marcha durante ciertos
períodos para crear nuevas mezclas indispensables y facilitar nuevas
cristalizaciones más puras, tan imprescindible es, por otra parte, mitigar esta
crisis y obstaculizar la fusión total para que quede un trozo, un núcleo al
cual se una la nueva materia y forme alrededor de él nuevas formas hermosas.
Que lo sólido se contraiga cada vez más sólidamente para que disminuya el
calórico superfluo —y tampoco se ahorre esfuerzo alguno para evitar el
ablandamiento de los huesos y la descomposición de la fibra típica.
¿No sería un disparate hacer permanente una crisis,
creyendo que el estado febril es el verdadero y sano, aquel cuya duración
importara mucho al hombre? ¿Quién, por otra parte, osa dudar de su necesidad,
de su bienhechora eficacia ?
LA república es un estado filosófico. Republicanismo
es filosofismo político.
La comunicación más íntima de todos los
conocimientos, una república científica, he aquí el fin sublime del sabio.
NUESTRO pensar fue hasta el día meramente mecánico,
discursivo, atomístico o intuitivo tan sólo, dinámico. Acaso ha llegado ahora
la época de la unión.
Pensar es un movimiento muscular.
No sólo la facultad de reflexión funda la teoría.
Pensar, sentir y contemplar hacen una sola cosa.
También nuestros pensamientos son factores eficaces
del Universo.
Quizá sea el pensar una fuerza demasiado rápida,
demasiado inmensa para ser eficaz; o las cosas son buenas conductoras (o
no-conductoras) de la fuerza pensante.
LA separación entre el poeta y el pensador es sólo
aparente y desventajosa para ambos. Es indicio de enfermedad y de constitución
enfermiza.
El verdadero poeta es omnisciente; es un mundo
verdadero en pequeño.
El poeta comprende la naturaleza mejor que el sabio.
El poeta se sirve de las cosas y palabras cual teclas,
y la poesía entera se funda en una asociación activa de ideas, en una azarosa
producción automática, intencional e ideal.
El poeta ordena, reúne, escoge, inventa —y a él
mismo se le escapa por qué lo hace, exactamente, de ésta y no de otra manera.
La poesía es una parte de la técnica filosófica.
El mundo humano es el órgano común de los dioses. La
poesía les une con nosotros.
Cuentos, sin conexión, pero con asociación, como los
sueños. Poesías, meramente armoniosas y llenas de palabras bellas, pero también
sin sentido ni conexión —a lo más estrofas sueltas inteligibles— como nada más
que fragmentos de cosas diversísimas.
Un poema tiene que ser tan absolutamente inagotable,
como un hombre o una buena sentencia.
La poesía es el héroe de la filosofía. Ésta la eleva
como principio, mostrándonos su valor. La filosofía es la teoría de la poesía
que nos enseña lo que la poesía es, a saber: una cosa y todas las cosas.
El pensador sabe hacer, de cada cosa, el todo. El
filósofo se vuelve poeta. El poeta representa sólo el grado más sublime del
pensador o de aquél que en vez de pensar, siente.
Comprendo que la poesía no tiene que provocar
afecciones. Estas son absolutamente algo fatal, como las enfermedades. La
retórica misma es un arte falso siempre que no sea metódicamente empleada en la
curación de los estados patológicos de un pueblo o de la locura. Las afecciones
son medicinas —no hay que jugar con ellas.
La poesía es el gran arte de construir la salud
trascendental. El poeta, por consiguiente, es el médico trascendental.
LA medicina tiene que llegar a ser algo muy distinto
de lo que hoy día es: ciencia del arte de vivir y ciencia natural de la vida.
El aire es también órgano del hombre, como la sangre.
Tan acertadamente como se deducen causas corporales
de meteoros espirituales y de los movimientos extraordinarios y violentos,
intentando con buen éxito hacer desaparecer el estado patológico por medios
corporales, de la misma manera se puede proceder en los males corporales,
partiendo del lado psíquico, mitigando y haciendo desaparecer por funciones y
efectos psíquicos estos síntomas; la misma influencia que el cuerpo ejerce
sobre el alma, ejerce ésta sobre aquél. La mayoría de las enfermedades son complejas
y hay que buscar el foco del mal a la vez en el alma y en el cuerpo, tanto en
las partes consistentes como en los humores.
LAS enfermedades son un objeto sumamente importante
para la humanidad, pues es su número tan inmenso y tan grande la lucha que cada
hombre tiene que sostener con ellas. Todavía conocemos de una manera muy
incompleta el arte de ponerlas a nuestro servicio. Es probable que sean el
estímulo y el objeto más interesantes de nuestra reflexión y de nuestra
actividad. De seguro se podrán obtener en este terreno frutos infinitos,
especialmente, a lo que me parece, en el intelectual, en el moral, en el
religioso y en no sé qué campo maravilloso más. ¿Llegaré a ser el profeta de
este arte?
¿No sería posible curar enfermedades por medio de enfermedades?
Nuestras enfermedades son todas fenómenos de una
sensibilidad más elevada, que quisieran transformarse en fuerzas superiores.
El ser de la enfermedad es tan oscuro como el de la
vida.
Tenemos que considerar las enfermedades como locuras
orgánicas, o sea, al menos en parte, como ideas fijas.
ES extraño que el interior del hombre haya sido
observado tan escasamente hasta el día, y que haya sido tratado de una manera
tan poco intelectual. La llamada psicología pertenece también a las larvas que
ocupan hoy aquellos lugares del santuario donde tendrían que estar las
verdaderas imágenes de los dioses. Cuán poco se ha utilizado la física para el
alma, cuán poco el alma para el mundo exterior. Inteligencia, fantasía, razón,
éstos son los pobres armazones del Universo dentro de nosotros. De sus fusiones
maravillosas, de sus formaciones y de sus transiciones, ni una palabra. A nadie
se le ocurre buscar fuerzas nuevas, nunca mentadas, ni escudriñar sus
intrincamientos. Quién sabe qué clase de uniones y generaciones maravillosas
están por llegar aún en nuestro interior.
LOS sueños son de gran importancia para los
psicólogos —también para los historiadores de la humanidad. Los sueños
contribuyeron muchísimo a su civilización y educación. Por eso el gran aprecio
que los antiguos hicieron de los sueños.
Parece ser el sueño una perturbación del mundo
orgánico por el inorgánico.
El sueño es un estado mixto del cuerpo y del alma.
En él están ambos químicamente ligados; esparcida el alma homogéneamente por el
cuerpo todo, el hombre se halla neutralizado. La vigilia es un estado de
escisión, un estado extremo, en el que el alma se halla cercada, localizada.
El sueño es digestión del alma: el cuerpo digiere al
alma.
Dormir es digerir las impresiones sensitivas. Los
sueños son excreciones; se originan por el movimiento peristáltico del cerebro.
Quizá se origina ahora la necesidad del sueño por la
desproporción entre los sentidos y el resto del cuerpo. El sueño tiene que
reparar las consecuencias de una excitación excesiva de los sentidos en
beneficio del resto del cuerpo. El sueño lo conocen sólo los habitantes del
planeta. Un día el hombre dormirá continuamente al tiempo que vela. La mayor
parte de nuestro cuerpo, de nuestra humanidad misma, duerme aún un sueño profundo.
Cuando soñamos que soñamos es que ya nos vamos
acercando al despertar.
LA ciencia es sólo una mitad. La otra mitad es la
fe. —En todo saber hay fe. —Todo saber desde lejos es fe. —Todo saber empieza
por la fe y acaba en ella.
La fe es la sensación del saber; la idea es el saber
de la sensación. El pensamiento, el pensar, predominan en el saber, como el
sentir en la fe.
De la fe depende el Mundo. Fe y prejuicio son una
misma cosa. Tal como acojo una cosa, tal es ella para mí.
CUANDO nuestra inteligencia y nuestro mundo
armonizan, nos igualamos a Dios.
Nos imaginamos a Dios de una manera personal, como
también nos figuramos a nosotros mismos de esta manera. Dios es tan
absolutamente personal e individual como nosotros —pues lo que llamamos nuestro
yo no es verdaderamente nuestro, sino su reflejo.
Dios quiere dioses.
Hay que separar a Dios de la Naturaleza. Dios no
tiene nada que ver con ella. Él es la meta de la Naturaleza, aquello con lo
cual tendrá un día ésta que armonizarse
Todo lo que llamamos azar proviene de Dios.
Hay que buscar a Dios entre los mortales. El
espíritu del cielo se revela del modo más nítido en los sucesos humanos, en
nuestros pensamientos y en nuestros sentires.
Comprenderemos el mundo cuando nos comprendamos a
nosotros mismos, porque él y nosotros somos mitades integrantes. Somos hijos de
Dios, gérmenes divinos. Un día seremos lo que nuestro Padre.
Es extraordinario que los dioses de tantas
religiones parezcan amantes de la fealdad.
PARA los antiguos la religión era ya hasta cierto
punto lo que tendrá que llegar para nosotros: poesía práctica.
Parece que todas nuestras inclinaciones no son otra
cosa que religión aplicada. El corazón figura poco más o menos el órgano de la
religión. Quizá su producto más sublime no sea otro que el cielo.
Para el verdaderamente religioso nada hay que sea
pecado.
Amor absoluto, independientemente del corazón,
fundado en la fe, esto es religión.
La llamada religión de los filisteos actúa como una planta opiácea: de una manera excitante,
narcótica, aplacadora de dolores que provienen de debilidad.
Todo sentir absoluto es religión.
EL cielo es el alma del sistema solar y éste su
cuerpo.
Por mediación de un contacto se origina una sustancia
cuyo efecto dura tanto tiempo como el contacto mismo. Ésta es la causa de toda
modificación sintética del individuo. Hay, sin embargo, contactos unilaterales
y contactos recíprocos. Aquéllos motivan a éstos.
Estamos encargados de una misión: la de formar la
tierra.
Lo pesado proviene del espíritu.
Todo cuerpo transparente se encuentra en un estado
más sublime —parece tener una especie de conciencia.
El bien mayor es la fuerza de imaginación.
No hay duda de que nuestro cuerpo es un río
encauzado.
¿Serán los cuerpos del sistema solar
petrificaciones?, acaso de ángeles.
Los azares de nuestra vida son materiales con los
cuales podemos hacer lo que queramos.
Cada empresa tiene que ser tratada artísticamente,
si se quiere que salga bien y de una manera segura, duradera y absolutamente
conveniente.
Un inglés es una isla.
Nada más reconfortante que hablar de nuestros deseos
cuando ya están realizándose.
Las novelas sentimentales pertenecen a la disciplina
médica, es decir: a las historias clínicas.
¿Por qué no tenemos un sentido eléctrico o magnético?
Problema: si la Naturaleza no se habrá modificado
esencialmente con la civilización creciente.
¿Qué es una ley sino expresión de la voluntad de una
persona querida y valiosa?
Darwin hace la observación que la luz nos ciega
menos al despertar si hemos soñado con cosas visibles. ¡Qué bien para aquellos
que ya aquí sueñan con ver! Antes podrán soportar la gloria de aquel otro
mundo.
Un instinto absoluto de perfección e integridad es
una enfermedad tan pronto como se muestre destructor y nocivo para lo que es
imperfecto e incompleto.
La verdad es un error total como la salud una
enfermedad también total.
Si pregunto por lo que una cosa es, entonces
pregunto por su idea y por su aspecto; es decir, pregunto por mí mismo.
Generalmente se comprende mejor lo artificial que lo
natural. Hace falta más genio, pero menos talento para lo sencillo que para lo
complicado.
La destrucción del aire equivale a la implantación
del reino divino.
El sentimiento moral es un sentimiento de la
facultad absolutamente creadora, de la libertad productiva, de la personalidad
infinita, del microcosmos y de la divinidad propia de dentro de nosotros.