martes, 3 de mayo de 2022

Gregory Corso, William Shand y Alberto Girri: Pero yo no necesito bondad

 

BUT I DO NOT NEED KINDNESS


1
I have known the strange nurses of Kindness,
I have seen them kiss the sick, attend the old,
give candy to the mad!
I have watched them, all night, dark and sad,
rolling wheelchairs by the sea!
I have known the fat pontiffs of Kindness,
the little old grey-haired lady,
the neighborhood priest,
the famous poet,
the mother,
I have known them all!
I have watched them, at night, dark and sad,
pasting posters of mercy
on the stark posts of despair.

2
I have known Almighty Kindness Herself!
I have sat beside Her pure white feet,
gaining Her confidence!
We spoke of nothing unkind,
but one night I was tormented by those strange nurses,
those fat pontiffs,
The little old lady rode a spiked car over my head!
The priest cut open my stomach, put his hands in me,
and cried:--Where's your soul? Where's your soul!--
The famous poet picked me up
and threw me out of the window!
The mother abandoned me!
I ran to Kindness, broke into Her chamber,
and profaned!
with an unnamable knife I gave Her a thousand wounds,
and inflicted them with filth!
I carried Her away, on my back, like a ghoul!
down the cobble-stoned night!
Dogs howled! Cats fled! All windows closed!
I carried Her ten flights of stairs!
Dropped Her on the floor of my small room,
and kneeling beside Her, I wept. I wept.

3
But what is Kindness? I have killed Kindness,
but what is it?
You are kind because you live a kind life.
St. Francis was kind.
The landlord is kind.
A cane is kind.
Can I say people, sitting in parks, are kinder?

GREGORY CORSO


 
PERO YO NO NECESITO BONDAD


1

¡He conocido las extrañas enfermeras de la Bondad,
las he visto besar a los enfermos, cuidar a los ancianos,
dar caramelos a los locos!
¡Las he observado, de noche, sombrías y tristes,
empujar sillas de ruedas junto al mar!
¡He conocido los gordos pontífices de la Bondad,
la viejecita de cabellos grises,
el pastor del barrio,
el poeta famoso,
la madre,
los he conocido a todos!
Los he observado de noche, sombríos y tristes,
pegando anuncios de misericordia
sobre los rígidos postes de la desesperación.

2

¡He conocido a la Misma Todopoderosa Bondad!
¡Me he sentado a sus pies blancos y puros,
ganando Su confianza!
No hablamos de nada cruel,
pero una noche fui atormentado por esas extrañas enfermeras,
esos gordos pontífices.
¡La viejecita pasó sobre mi cabeza en un auto con agudos clavos!
El pastor me abrió el estómago, puso sus manos dentro de mí,
y  gritó: ¿Dónde está tu alma? ¡Dónde está tu alma!
¡El poeta famoso me levantó
y me arrojó por la ventana!
¡La madre me abandonó!
¡Corrí hacia la Bondad, irrumpí en Su cuarto,
y la profané!
¡con un innombrable cuchillo le hice mil heridas,
y las cubrí de suciedad!
¡La cargué sobre mi espalda, como un vampiro,
a través de la noche empedrada!
¡Los perros aullaban! ¡Los gatos huían! ¡Todas las ventanas se cerraban!
¡La subí diez pisos!
La arrojé por tierra en mi pequeña habitación
y arrodillándome a Su lado, lloré. Lloré.

3

¿Pero qué es la Bondad? Yo he matado a la Bondad,
¿pero qué es?
Uno es bueno porque vive una vida buena.
San Francisco fue bueno.
El dueño de casa es bueno.
Un bastón es bueno.
¿Puedo decir que la gente, sentada en los parques, es mejor?

Traducción de William Shand y Alberto Girri
Revista Sur n° 271
Buenos Aires, julio y agosto de 1961