domingo, 1 de abril de 2018

Stephen Spender y Silvina Ocampo: La separación

THE SEPARATION
              
When the night within whose deep
Our minds and bodies melt in love,
Instead of joining us, divides
With winds and seas that tear between
Our separated sleep –
            
Then to my lidless eyes that stare
Beyond my dark and climbing fears,
Your answering warm island lies
In the gilt wave of desire
Far as the day from here.
              
Here where I lie is the hot pit
Crowding on the mind with coal
And the will turned against it
Only drills new seams of darkness
Through the dark-surrounding whole.
              
Our vivid suns of happiness
Withered from summer, drop their flowers;
Hands of the longed, withheld tomorrow
Fold on the hands of yesterday
In double sorrow.    
           
 The present voices and the faces
Of strangers mirroring each other
In their foreign happiness,
Lay waste and populate my map
With meaningless names of places.   
              
To bring me back to you, the earth
Must turn, the aeroplane
Must fly across the glittering spaces,
The clocks must run, the scenery change
From mountains into town.    
              
Against a wheel I press my brain,
My blood roars through a night of wood
But my heart uncoils no shoot
From the centre of a silence
Of motionless violence.
              
And when we meet – the ribs will still
Divide the flesh-enfolding dream
And the winds and seas of time
Ruin the islands with their stream
However compassed be the will;      
              
Unless within the turning night
Where we are ever separate,
Our eyes drink in each other’s silence,
Unmeasuring patience
Threaded upon their secret light.
              
Shuttered by dark at the still centre
Of the world’s circular terror,
O tender birth of life and mirror
Of lips, where love at last finds peace
Released from the will’s error.




LA SEPARACIÓN

Cuando la noche en cuya profundidad
se funden nuestras mentes y nuestros cuerpos
en vez de unirnos nos divide
con vientos y océanos entre nosotros rompiendo
nuestros sueños separados —

en mis ojos sin párpados que miran
más allá del ascendente y tenebroso terror
tu isla cálida que me responde se extiende
sobre la ola brillante del deseo
lejana como el día.

Aquí donde estoy yaciendo está el ardiente foso
agolpando la mente con sus carbones
y la voluntad contraria a ella
sólo elabora nuevas grietas de oscuridad
a través de sus oscuros alrededores.

Nuestros soles vívidos de felicidad
marchitos por el verano, pierden sus flores;
las manos del ansiado, retenido mañana
se enlazan a las manos de ayer en un doble dolor.

Las voces presentes y los rostros
extranjeros reflejándose
en su dicha forastera,
yacen perdidos y pueblan un mapa
con nombres de lugares sin sentido.

Para acercarme a ti de nuevo, la tierra
tiene que girar, el aeroplano
volar a través del rutilante espacio,
apurarse los relojes, el escenario tornar
las montañas en una ciudad.

Contra una rueda oprimo mi cerebro,
mi sangre brama a través de una noche de madera
pero mi corazón no lanza ningún brote
del centro de un silencio
de inmóvil violencia.

Y cuando nos encontremos — las costillas todavía
dividirán el sueño que incluye la carne
y los vientos y los océanos del tiempo
destruirán las islas con sus arroyos
por acompasada que sea nuestra voluntad;

salvo que en la noche giratoria
donde estamos siempre separados
nuestros ojos beban en nuestro mutuo silencio,
inmensurable paciencia
hilada en su secreta luz.

Resguardados por la oscuridad en el quieto centro
del circular terror del mundo,
oh nacimiento tierno de la vida y reflejo
de los labios, donde el amor por fin halla paz
liberado de los errores de la voluntad.

Traducción de SILVINA OCAMPO.
Revista Sur, julio-octubre de 1947.