viernes, 4 de enero de 2019

Horacio y Esteban Manuel de Villegas: Oda III, Libro I

ODA III
LIBRO I

Recomendación de Virgilio a los vientos, y exageración del atrevimiento humano.

Prosfonética.

Apacibles entenas,
que al gran Virgilio nos debéis, yo os ruego
que después con sosiego
tan libre y sano le volváis de Atenas,
y con bonanza pía
me guardéis la mitad del alma mía.

Así la poderosa
en Chipre, y los Dióscoros hermanos
os den los pasos llanos,
y el padre de los vientos paz sabrosa,
echándoles mil frenos,
sino es a Iapis que se altera menos.

Por cierto el que al hinchado
mar entregó las áncoras primero
tuvo el pecho de acero,
pues no temió del Ábrego indignado
la rabia que se escucha
cuando con Aquilón forceja y lucha.

Ni bañadas en llanto
las Híadas pluviosas, ni la ira
del Noto que respira
bramando en Adria con notable espanto,
que al piélago, si quiere,
calma y altera, y como rey prefiere.

¿Qué género de muerte
temió el que pudo con enjuto rostro
tanto marino monstro
ver, y a Neptuno desdeñoso y fuerte,
y a los peñascos fieros
de Acroceraunia infames y severos?

En vano Dios prudente
las tierras dividió con el mar cano,
si ya con paso llano
surca el bajel por su cristal corriente,
penetrando los vados
que de nadie debieran ser tocados.

Todo varón humano
a cometer cualquier maldad se esfuerza,
ya con industria o fuerza,
después que el fuego con astuta mano
el hijo de Japeto
bajó del cielo sin ningún respeto.

Luego tras este robo
la amarillez, la fiebre y el desvelo
ocuparon el suelo,
y la necesidad, hambriento lobo,
negociando de suerte,
que espuelas le pusieron a la muerte.

Dédalo las pisadas
puso atrevido en la región del viento
con rapto movimiento,
y con alas jamás del hombre usadas:
y el Hercúleo trabajo
rompió los muros del infierno bajo.

Nada hay dificultoso
a la gente mortal, pues cala y sube
a la más alta nube;
ni deja estar en inmortal reposo
de Jove el rayo ardiente,
a su ignorancia vengador valiente.



Sic te diva potens Cypri,
Sic fratres Helenae, lucida sidera,
Ventorumque regat pater
Obstrictis aliis praeter Iapyga,

Navis, quae tibi creditum
Debes Vergilium ; finibus Atticis
Reddas incolumem, precor,
Et serves animae dimidium meae.

Illi robur et aes triplex
Circa pectus erat, qui fragilem truci
Commisit pelago ratem
Primus : nec timuit praecipitem Africum

Decertantem Aquilonibus
Nec tristis Hyadas nec rabiem Noti,
Quo non arbiter Hadriae
Maior, tollere seu ponere volt freta.

Quem mortis timuit gradum
Qui siccis oculis monstra natantia,
Qui vidit mare turbidum et
Infamis scopulos Acroceraunia?

Nequiquam deus abscidit
Prudens Oceano dissociabili
Terras, si tamen impiae
Non tangenda rates transiliunt vada.

Audax omnia perpeti
Gens humana ruit per vetitum nefas.
Audax Iapeti genus
Ignem fraude mala gentibus intulit.

Post ignem aetheria domo
Subductum, macies et nova febrium
Terris incubuit cohors
Semotique prius tarda necessitas

Leti corripuit gradum.
Expertus vacuum Daedalus aera
Pennis non homini datis;
Perrupit Acheronta Herculeus labor.

Nil mortalibus ardui est;
Caelum ipsum petimus stultitia, neque
Per nostrum patimur scelus
Iracunda Iovem ponere fulmina.