domingo, 20 de febrero de 2011

Jean Moréas: No digáis que la vida...


Johannes Papadiamantopoulos, llamado Jean Moréas, nació en Atenas el 15 de abril de 1856. Hijo de un procurador general de la Suprema Corte, recibió una educación profundamente francófila. 

En 1875 se inscribió en la Facultad de derecho de París. Una vez terminado sus estudios y de regreso a Atenas, su único deseo fue establecerse definitivamente en París. 

En 1884 publicó su primer libro Les syrtes.

En 1886, junto con Gustave Kahn y Paul Adam, participó en la creación de la revista Le symbolisme. Moréas, sin embargo, se alejó pronto de esta orientación estética y en 1891, junto con Maurice Du Plessys, Raymond de La Tailhède y Charles Maurras, fundó la Escuela románica que reivindicaba la poesía de la antigua Grecia y del Renacimiento francés.

Este poeta, como André Chénier "hijo de Grecia y de Francia", enamorado de la lengua francesa hasta al punto de ser capaz de hablar delante de sus admiradores como Rabelais o Rutebeuf, al que Paul Léautaud recordaría un día, en sus conversaciones con Robert Mallet, como un hombre de trato exquisito, murió en Saint-Mandé el 30 de abril de 1910.





Ne dites pas...

 Ne dites pas : la vie est un joyeux festin;
 Ou c'est d'un esprit sot ou c'est d'une âme basse.
 Surtout ne dites point : elle est malheur sans fin;
 C'est d'un mauvais courage et qui trop tôt se lasse.

 Riez comme au printemps s'agitent les rameaux,
 Pleurez comme la bise ou le flot sur la grève,
 Goûtez tous les plaisirs et souffrez tous les maux;
 Et dites : c'est beaucoup et c'est l'ombre d'un rêve.


No digáis que la vida...

 No digáis que la vida es un festín alegre;
 Lo dice un alma tonta o bien un alma baja.
 No digáis sobre todo: es desdicha sin fin;
 Lo dice un alma débil que temprano se cansa.

 Reíd como las ramas en primavera agítanse,
 Llorad como los vientos o la ola en la playa,
 El placer y el dolor padeced y gozad; y decíd:
 Es mucho todo esto y es la sombra de un sueño.


Traducción de Miguel Ángel Frontán.

sábado, 12 de febrero de 2011

Tristan Corbière: Pequeña muerte para reír.



Edouard Joachim Corbière, llamado Tristan, nació en la propiedad de Coat-Congar, en las cercanías de Morlaix, el 18 de julio de 1845. Su padre, Edouard Corbière, era un exitoso novelista.


Mientras cursaba sus estudios en el liceo imperial de Saint-Brieuc, comenzó a sufrir de reumatismos en las articulaciones. 


En 1860, escribió su primer poema: "Oda al sombrero". En el Liceo de Nantes cursó estudios como externo, pero la enfermedad, que poco a poco lo volvió prácticamente inválido, lo obligó a interrumpir sus estudios. En busca de una mejoría de salud, realizó estadías en Provenza y navegó por el Mediterráneo.


En diciembre de 1869, viajó a Nápoles y a Capri. De vuelta en su Bretaña natal, conocio a la actriz italiana Josefina Cucchiani, la Marcelle de los Amours jaunes


En 1872 se instaló en Montmartre y volvió a hacer una estadía en Capri.
En agosto de 1873 publicó a cuenta de autor sus Amours jaunes. El 6 de diciembre fue hallado sin conocimiento en el piso de su habitación. Su familia lo llevó de vuelta a Morlaix donde murió el 1º de marzo de 1875.





Petite mort pour rire

 Va vite, léger peigneur de comètes!
 Les herbes au vent seront tes cheveux;
 De ton oeil béant jailliront les feux
 Follets, prisonniers dans les pauvres têtes...

 Les fleurs de tombeau qu'on nomme Amourettes
 Foisonneront plein ton rire terreux...
 Et les myosotis, ces fleurs d'oubliettes...

 Ne fais pas le lourd: cercueils de poètes
 Pour les croque-morts sont de simples jeux,
 Boîtes à violon qui sonnent le creux...
 Ils te croiront morts -les bourgeois sont bêtes-
 Va vite, léger peigneur de comètes!




Pequeña muerte para reír

 ¡Vete rápido, aleve peinador de cometas!
 Tus cabellos serán las hierbas en el viento;
 De tus ojos abiertos brotarán los fuegos
Fatuos, prisioneros de las pobres cabezas...

 Las flores de las tumbas que llaman "amoríos"
 Crecerán abundantes de tu risa de tierra...
 Y los "no me olvides", flores de calabozo...

 No quieras ser pesado: féretros de poetas
 Son un simple juego para el sepulturero,
 La caja de un violín que suena a hueco...
 Te creerán muerto -ah, los tontos burgueses-
 ¡Vete rápido, aleve peinador de cometas!


Traducción de Miguel Ángel Frontán.


domingo, 6 de febrero de 2011

Homero Manzi y Jacques Ancet



MILONGA TRISTE 

Llegabas por el sendero,
delantal y trenzas sueltas,
brillaban tus ojos negros,
claridad de luna llena.

Mis labios te hicieron daño
al besar tu boca fresca.
Castigo me dió tu mano,
pero más golpeó tu ausencia.

Ay...

Volví por caminos blancos,
volví sin poder llegar.
Triste con mi grito largo,
canté sin saber cantar.

Cerraste los ojos negros,
se volvió tu cara blanca
y llevamos tu silencio
al sonar de las campanas.

La luna cayó en el agua,
el dolor golpeó mi pecho.
Con cuerdas de cien guitarras
me trencé remordimiento.

Ay...

Volví por caminos negros,
volví sin poder llegar.
Grité con tu nombre muerto
récé sin saber rezar.

Tristeza de haber querido
tu rubor en el sendero.
tristeza de los caminos que
después ya no te vieron.

Silencio en el camposanto,
soledad de las estrellas,
recuerdos que duelen tanto,
delantal y trenzas negras.

Ay...

Volví por caminos muertos,
volví sin poder llegar.
Grité con tu nombre bueno
lloré sin saber llorar.


HOMERO MANZI


MILONGA TRISTE

Par le sentier, tu arrivais
un tablier, des tresses brunes,
avec tes yeux noirs qui brillaient,
une clarté de pleine lune ...

Et mes lèvres t’ont fait souffrir
d'un baiser sur ta bouche fraîche.
Et si ta main m'a su punir
c’est ton absence qui me blesse

Ah...

Par des chemins blancs, je revins,
revins sans pouvoir arriver.
Triste de mon long cri sans fin,
j’ai chanté sans savoir chanter.

Tes deux yeux noirs se sont fermés,
et ta face est devenue blanche,
lorsque les cloches ont sonné
nous avons porté ton silence.

La lune dans l’eau vint tomber,
la douleur m'a frappé à l'âme.
De cent guitares j'ai tressé
les cordes avec remords et larmes.

Ah...

Par des chemins noirs je revins,
revins sans pouvoir arriver.
J’ai crié ton nom mort au loin,
j’ai prié sans savoir prier.

Tristesse de t’avoir aimée
rougissante sur le chemin.
Tristesse de tous les sentiers
où plus jamais tu ne revins.

Cimetière plein de silence,
les étoiles, leur solitude,
souvenirs et tant de souffrance,
un tablier, deux tresses brunes.

Ah...

Par des chemins morts je revins,
revins sans pouvoir arriver.
J’ai crié ton doux nom lointain,
j’ai pleuré sans savoir pleurer.

Versión para el canto de JACQUES ANCET